Recesión económica, impacto y medidas

Por: Mayobanex De Jesús Laurens

El planeta tiembla ante el anuncio de una recesión global que arrastra las grandes potencias y contagia las economías medianas y emergentes. Alemania, Italia, Japón, Francia, Estados Unidos, Inglaterra,  Rusia y otras grandes naciones anuncian cifras descendentes de su  producto interno bruto y  un incremento  de la tasa de desempleo.

Los temas en boga son: secesión, contracción, desaceleración y constreñimiento; conceptos utilizados para definir lo que está aconteciendo en el mundo como consecuencia del contagio de la crisis financiera que ha tenido sus orígenes en la nación norteamericana. Pero, ¿que es realmente la recesión económica, cuál sería el impacto en nuestro país y  cuáles serían las medidas aconsejables para navegar en ella sin ahogarnos totalmente?

La macroeconomía considera que la recesión es un período de crecimiento negativo del Producto Interno Bruto de una economía, de duración igual o superior a un año. La Oficina Nacional de Investigaciones Económicas (National Bureau of Economic Research) de Estados Unidos considera recesión cualquier decrecimiento continuado de la actividad económica durante dos o más trimestres consecutivos. Una situación continuada de recesión es lo que se conoce como depresión. Una recesión breve a menudo es denominada corrección económica.

En un período de recesión se producen bajas tasas de ahorro e inversión, decrece el volumen de la producción, disminuye la productividad, baja el ingreso per cápita, aumenta el desempleo y queda subutilizada la capacidad instalada de las empresas. Es la fase depresiva de la economía de un país caracterizada por la subutilidad de los factores de la producción, que son trabajo, capital y tecnología.

La recesión global tiene su impacto negativo en nuestro país en la disminución de las remesas, el decrecimiento de la actividad turística, el descenso de las exportaciones y la caída de la inversión extranjera. Esto implica a nivel interno, menos actividad productiva y comercial, caída de las recaudaciones fiscales y despidos de empleados en las empresas, incrementado la tasa de desempleo.

Ante la realidad de una recesión global y la amenaza de adentrarnos en ella en el ámbito local, la receta para navegar en esta fase del ciclo económico es: control y prioridad en el gasto público, rebaja en los impuestos y disminución de los tipos de interés bancarios, para incentivar el consumo e incrementar la demanda, buscando crear una dinámica de la economía que revierta las variables económicas negativas.

¿Cuál es el riesgo de la aplicación de esas medidas en un proceso de recesión económica? La disminución de las tasas de impuestos podría conllevar en principio a menos recaudaciones fiscales y un incremento del déficit fiscal y presupuestario. La rebaja de los tipos de interés activos y pasivos bancarios generan una corrida del dinero hacia instrumentos más pagaderos, con  tasas de interés apreciables, lo cual implicaría una subida en la tasa de cambio del dólar, generando de entrada mayor inflación.

¿Qué aconseja la prudencia gerencial en un ambiente de recesión económica global y local? Lo primero es mantener el control en el gasto, priorizando en las inversiones de capital sin descuidar los programas sociales, incluyendo salud y educación. Por demás, buscar nuevos nichos de mercados para captar inversiones no tan contagiados por la crisis y establecer un sistema de austeridad aplicable a todas las instituciones centralizadas y descentralizadas del Estado.

En el aspecto privado y personal, la recesión nos lleva a ahorrar, evaluar la conveniencia de las inversiones, priorizar en las compras realmente necesarias y en los gastos de salud y educación. Lo demás puede esperar para después.