REMACHANDO UNA CRISIS ADMITIDA

Finalmente las autoridades parecen haber admitido la crisis después de innecesarias negaciones o de administrarla dosificadamente, a cuenta gotas, con temor o timidez; y hasta con verguenza, que al ser  mas de ajena que propia por el origen de la crisis, no entendemos por que tanta resistencia de admitirla.

Pero como la admisión no ha sido frontal y explícitamente planteada sino por vía indirecta a través de declaraciones tangenciales de funcionarios e informaciones adornadas; conviene remacharla.

Pruebas de la admisión han sido las declaraciones de los titulares de Hacienda y Economía relacionadas con la formulación del Presupuesto y el Acuerdo con el FMI. Y el Informe Preliminar de la Economía Dominicana Enero – Septiembre 2008 publicado recientemente en el portal electrónico del Banco Central que arroja cifras que explican por que el titular de esa institución al calificar como  buena noticia “el resultado positivo de la cuenta de capital y financiera de la Balanza de Pagos, ascendente a US$3,114.7 millones”  en el discurso de aniversario de la institución, la precedió con la expresión que “no todas son malas noticias” después que había analizado el comportamiento real y la inflación de la economía dominicana durante ése período.

De dicho informe se deduce que durante el tercer trimestre del año, julio – septiembre y con relación los dos trimestres precedentes; todas las actividades económicas con la excepción de las zonas francas, sufrieron un deterioro, incluso el sector servicios; comparando las tasas de crecimiento de cada sector, por la lamentable falta de valores absolutos, con relación al 2007.
 
La agricultura se contrajo un 2.4% mas de lo que ya se había contraído hasta alcanzar una caída del 8%. La minería cayó al 14% por la suspensión de las explotaciones de ferroníquel. La manufactura disminuyó su crecimiento de 4.9% a 2.5%. La construcción se contrajo casi a la mitad aún siguiendo medida bajo el supuesto que toda la pintura producida se dedicó a nuevas construcciones. Los servicios moderaron su ritmo de crecimiento al pasar de 8.7% de a mas 6% que estimamos sobre los datos parciales publicados y aceptando absurdos como un crecimiento de la energía del 5.2% en medio de tantos apagones. Las zonas francas aminoraron su deterioro  puesto que mientras a junio caían en 1.9%,  a septiembre se situaban en -1.2%.

El déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos se incrementó en el trimestre a un ritmo de 3.8% mensual como consecuencia de la expansión a US$ 7488.2 millones del déficit comercial. Los ingresos mensuales por turismo se redujeron un 15.1% como consecuencia de la caída de visitantes extranjeros de un 22%, llegando a desplomarse en el mes de septiembre en un 10.03%. Las remeses cayeron un 1.5% en el trimestre con relación al semestre precedente.

El informe confirma que el petróleo no tiene toda la culpa del deterioro de la balanza de pagos como consecuencia de la fomentada política de consumo de bienes importados. Las importaciones no petroleras, excluyendo las insumidas por las empresas de zonas francas, mas que duplicaron la factura petrolera; al acumular a septiembre, US$ 7358.6 millones las primeras,  contra US$ 3603.9 las segundas. Las primeras se incrementaron en US$ 1707.2 millones mientras la factura petrolera  en US$ 1330.0 millones.

Causa preocupación lo que no consigna el informe. Extraña, por ejemplo, que entre los indicadores del sector externo, no se detalle la balanza de rentas ni el flujo de inversiones en cartera que resultaban negativas a junio. El mismo crecimiento de la Inversión Directa Extranjera, por ser tan significativo, 11.3% en el promedio mensual del ultimo trimestre con relación al semestre precedente, merecía una explicación mas detallada para testimoniarlo ante la opinión pública y convencerla de sus bondades ante el saldo negativo que ésta ha provocado en la balanza de pagos vía las repatriaciones de utilidades y salida de capitales.

Extraña asimismo el silencio sobre las cuentas fiscales ante una sociedad que ha reclamado hasta la saciedad austeridad en el gasto, ante la resistencia a admitir que las  recaudaciones ordinarias venía cayendo desde hace tiempo y en el descuido de sobreestimar el financiamiento externo procedente de PETROCARIBE por parte de funcionarios que ignoraron preconizaciones del propio Presidente Fernández  relativas a la disminución del precio del petróleo una vez que se despojara del componente especulativo.    El hecho que el Banco Central sea  la única instancia que publica el déficit del Sector Público no Financiero y ante la semanal divulgación por parte de Hacienda del déficit en el gobierno central, hace imperativa la publicación de esta valiosísima información.

En muchas partes del informe se dan explicaciones del porque el deterioro de algunas variables. Se explica que la minería decreció por la suspensión de Falconbridge. Se advierte explícitamente que las importaciones disminuyeron para destacarlo como un logro de las restricciones monetarias impuestas.  Los ingresos por turismo y remesas se presentan comparados con relación al pasado año, pero no se analizó su evolución dentro del presente año cuando estalló la crisis económica
 
La gravedad de la situación exige que se refuerce la admisión de la crisis como premisa para tomar las medidas cautelares en lugar de seguir adornándola, especialmente aquellas que son causadas por políticas deliberadas como el caso de las tasas de interés y la política de crédito que mantiene un bajo financiamiento para los sectores productivos, menos  del 5% de los préstamos otorgados por la banca múltiple, deteriorándose el crédito a la agropecuaria en un 15.6% a septiembre con relación a julio.

La crisis exige encarar directa y frontalmente lo que estas cifras reflejan por lo que las autoridades deben modificar su actitud de adornar realidades y  centrarse en emprender las rectificaciones correspondientes a las políticas establecidas.

El Presupuesto y el acuerdo con el FMI brindan oportunidades excelentes para remachar la admisión de la crisis y adoptar las rectificaciones correspondientes; entre los cuales no pueden faltar austeridad, apoyo a los sectores productivos y una mayor independencia del endeudamiento para el desenvolvimiento de la economía nacional.