Para que la “buenas noticias” no terminen siendo malas

Las autoridades se empecinan en no admitir  frontalmente el impacto de la crisis internacional cuando pudieran aprovechar esta oportunidad para relanzar la economía y encubrir sus propias responsabilidades; habida cuenta que de muy poco tiene la culpa el gobierno de lo que ha pasado a no ser de haberse insertado demasiado la apertura y globalización, de hacerle coro a la cursilería financiera internacional mediante la excesiva recurrencia a sus instituciones como calificadoras de riesgos y al uso de sus instrumentos de endeudamiento como son las “letras y papeles”. 

Este empecinamiento llega al colmo presentar la presentación de “buenas noticias” cuando no es seguro que las sean.

En lugar de admitir simplemente las amenazas internacionales y recabar el apoyo de agentes económicos y ciudadanía para enfrentarlas, como han hecho los demás gobiernos del mundo, nuestros  gobernantes dosifican  y administran a cuenta gotas informaciones y proyecciones sin darse cuenta que con ello pierden credibilidad y confianza en los gobernados.

Ejemplo de ello es el propio ritmo de crecimiento de la economía que las autoridades han convertido en paradigma. Del 9% postulado cuando se enarboló el discurso del milagro económico, se pasó al 7%, admitiéndose finalmente el 5% para éste año; y estimándose en 3% para el próximo a juzgar por declaraciones recientes del Presidente Fernández.

Continuando con la admisión tardía de parte del titular de Hacienda que las recaudaciones han descendido cuando durante todo el año así venía sucediendo o el reconocimiento del de Economía sobra la aplicación acomodada del impuesto a los hidrocarburos; hasta culminar con el anuncio de “buenas noticias” en el discurso principal durante el aniversario del Banco Central, que son o pueden llegar a ser malas, cayendo en la tentación de arrastrar consigo la traición del subconsciente, al advertir “que no todo son malas noticias” inmediatamente después de haber exaltado los éxitos en materia de crecimiento e inflación. Y precedido además, del  ceremonial y espectacularidad propia de un gran anuncio.

¿Qué tan buena es la noticia sobre un flujo positivo de la cuenta de capital y financiera de la balanza de pagos si no se precisa cuanto de ello ha sido provocado por endeudamiento externo? ¿No será, de ser así, una mala noticia? E incluso si gran parte de ello llegare a ser inversión en cartera popularmente conocida como “capitales golondrinos”, monto que no se suministró a pesar de resultar negativas en el primer semestre del año ¿Qué tan buenas serán esas noticias?. Y por la Inversión Directa Extranjera, que se suministró con precisión, ¿Qué tan buena es en términos de balanza de pagos puesto que a junio del presente año el balance de rentas que incluye repatriaciones de utilidades resultaba negativo en US$1081.5 millones?

Otra noticia dada como buena se relaciona con el crecimiento del turismo y la remesas de un 4.7% y 5.1% respectivamente a septiembre de 2008 con relación al mismo mes del 2007 y que se incrementaron en US$ 265 millones ¿Qué importancia tiene este orden de magnitud frente a un déficit comercial que se puede estimar sobre US$ 3000 millones a Sept.?   Incluso un examen tan preliminar como las cifras hasta ahora dadas indican que en el tercer trimestre del año el promedio mensual ingresado al país por éstos conceptos cayó un 15 % y 28% respectivamente con relación a los dos trimestres anteriores del año.
 
No se puede estar tan seguro que esas noticias sean buenas, pudiendo ser incluso malas, hasta tanto no se publiquen en detalle los resultados de la balanza de pagos que se informó encontrarse en revisión por lo que se desconoce el déficit comercial, el balance rentas que resultó negativo a junio 2008, ni la inversión en cartera que también fue negativa, ni los errores y omisiones que disminuyeron el déficit de la balanza de pagos basándose en no se sabe que ardides.

Si bien nada se dijo sobre el otro gran déficit de la economía, el fiscal, es evidente que nos encontramos en un atolladero en el que las autoridades lucen atrapadas en la propia trampa que se tendieron en sus leyes y presupuestos.

Cuando por fin se admitió que el impuesto a los combustibles había sido aplicado en función de intereses partidarios y que los ingresos ordinarios están mermando, situación que venía observándose desde principios de año, salvados por la ventas de empresas extranjeras y las ganancias de capital que estas operaciones generaron; las autoridades someten un proyecto de ley que modifica las leyes que ellos mismos propiciaron - de crédito público,  orgánica de presupuesto, presupuesto para el presente año y el suplementario - a fin de poder financiar el déficit que ellos mismos generaron y magnificaron con éste último.

Esto así, por que el desplome de los precios del petróleo está reduciendo el financiamiento de PETROCARIBE con el que se contó para financiar las dos terceras partes del incremento de gastos de casi 30 000 millones de RD$ que se postuló en el presupuesto suplementario, contrario a la austeridad que esperada y anunciada por el Presidente de la República en su discurso de julio.

Falconbridge está paralizada y su asociada Xstrata ha sido afecta por la crisis al igual que Sol Meliá, Cap Cana y Cemex. Y Barrick Gold, lo que pospondría el reinicio de explotaciones auríferas. 

Ante este cuadro, no sabemos por que el gobierno, en lugar de encubrir lo que no tiene responsabilidad y presentar supuestas buenas noticias no admite, pura y simplemente, la gravedad de la situación y la aprovecha para rediseñar su modelo económico.

Para ello cuenta con  la disposición de fuerzas activas de la nación que reclaman este rediseño, a las que puede convocar con miras  al relanzamiento de nuestra economía; tal y como lo hizo el Presidente Balaguer después de la guerra del golfo pérsico de los 90s.

Un relanzamiento que tiene que sustentarse en la austeridad, en el fomento a la producción nacional y en la liberación del endeudamiento.

Solo así, las “buenas noticias” terminarán siendo tales.