CONTRACANTO ANTE EL PRÓXIMO INFORME SOBRE LA ECONOMÍA DOMINICANA

Contrario al proceder del estilo moderno de gobernar y predominante en el mundo regido por la democracia en el que gobernantes admiten problemas como premisa para recabar el apoyo de los gobernados en su solución, parte del funcionariado presente siguen inscrito en la quimera y en el desentendimiento, soslayando realidades que nos afectan; contraponiéndose a otras instancias oficiales mas conscientes de padecimientos de la ciudadanía.

Incluso cuando ese funcionariado se ve compelido a admitir aspectos negativos del comportamiento de la economía en sus respectivos informes, lo adornan con amplias explicaciones y justificaciones; a contrapelo de cuando variables tienen comportamientos satisfactorios que rodean de loas, elogio mutuo y auto elogio, los textos que acompañan las cifras. Todo pareciera un canto de sirena adormecedor de conciencias

Como de acuerdo al calendario de publicaciones consagrado por la tradición administrativa corresponde en los próximos días la publicación del informe relativo al tercer semestre del año, hemos concebido esta especie de contracanto en el que anticipamos la necesidad de reenfocar determinadas  conclusiones e informaciones usualmente contenidas en dichos informes.

Algunos giran sobre variables presentados como positivas dentro de informes pasados en torno a los cuales pesan cuestionamientos sustanciales y metodológicos  que deben ser respondidos. Otros giran alrededor del soslayar cifras preocupantes sin la debida advertencia pública. Y especialmente planteando intencionalmente la necesidad de suscitar rectificaciones en aquellas áreas donde resultados negativos han sido provocados por políticas deliberadamente adoptadas.

Un ejemplo de ello lo constituye el financiamiento. ¿Cómo es posible que si la agricultura y la industria ocupan el 30.2% del PBI apenas absorba el 4.5% del total de préstamos otorgados por la banca múltiple; mientras  el comercio, que apenas ocupa el 10.2% del PBI, se lleva, junto a los créditos personales, el  60.5% de los préstamos? ¿Cómo es posible que las autoridades no reconozcan y actúen en consecuencia que ésta es la razón del decrecimiento de la agropecuaria en un 5.6% y de la agricultura un 10.7%?
 
Pero el resultado mismo del modelo de crecimiento resultante, propiciado a través de las políticas adoptadas y su relación con los métodos de medición utilizados, constituye el elemento mas relevante a destacar; al mostrarse las autoridades conformes con un alto crecimiento calculado bajo la impresión que constituye una sumatoria de tasas sectoriales de una estructura cuyos componentes sugieren interrogantes metodológicas.

Un examen de ésa estructura evidencia que los sectores de mayor crecimiento fueron el pago de impuestos, intermediación financiera y comunicaciones - calculados en base a mediciones cuestionables - mientras los de peor comportamiento fueron la agricultura, minería y zonas francas.
 
Como las autoridades están conformes con la estructura de crecimiento resultante, deberían  procurar formas de medición menos cuestionables a fin de alcanzar niveles mas elevados de convencimiento. ¿Es razonable, p.e., que el crecimiento del sector financiero se mida por las “fluctuaciones” cambiarias o por el cobro de comisiones encarecedoras del crédito? ¿Porque se miden las comunicaciones por el inventario estático de líneas instaladas y no a través de otras variables mas representativas de dinamismo?

Dentro de las actividades de gran crecimiento impacta energía y agua en una sociedad caracterizada por apagones y precariedad de ésta última, cada día más suministrada por camiones y botellones. Las propias autoridades dan la respuesta a este absurdo: ese crecimiento se debió a la incorporación de acueductos que previamente no se medían, lo cual equivale a satisfacerse en el presente por negligencias pasadas.  

La situación económica mundial y su derivación nacional, exigen un retrato sincero de la realidad  como premisa para la toma de precauciones y correctivos adecuadas. Encubrirlas, adornarlas o justificarlas; brindan un flaco servicio a los gobernantes en sus esfuerzos por conquistar el necesario endoso de los gobernados para encarar con efectividad los desafíos impuestos por las coyunturas presentes.

Por estas razones el próximo informe sobre la economía debe advertir y sugerir correcciones que van desde las formas metodológicas de medición de algunas variables hasta las políticas trazadas que han provocado una estructura sectorial de crecimiento inapropiada ante las necesidades de la población y ante las amenazas alimentarias, energéticas y financieras que penden sobre nuestra economía.

Lo apropiado sería admitir pura y simplemente,  que ya se ha alcanzado el nivel de dos dígitos en la inflación. Que el desempleo se nutre mitigado por la informalidad abonada por el tráfico de ilicitudes, implícitamente admitida por las autoridades cuando consignan que el 31% del financiamiento del déficit de la balanza de pagos provienen del oscuro calificativo de “errores y omisiones”. Que la estructura de crédito determinada por las políticas adoptadas cimienta una economía de bienes de consumo importado forjada en la aceleración la apertura comercial y en el rezago de la producción nacional por falta o alto costo del crédito. Que la culpa del crecimiento de las importaciones no la tiene el petróleo sino “otros productos” que constituyen más del 60 % de las importaciones y cuya utilidad no es posible diagnosticar por la falta de desglose de la información suministrada.

Es tiempo de terminar con ficciones y fantasías como la de financiar déficits de la balanza de pagos con la inversión extranjera, para la cual se mantienen altas tasas de interés, que ya no están siendo efectivas; puesto que la balanza de rentas altamente determinada por la repatriación de utilidades que genera esa inversión ya fue negativa en US$ 1081.5 millones en el pasado semestre y la  inversión en cartera comenzó su reversión al deteriorarse en US$ 1033 millones en el primer semestre 2008 con relación al 2007.

Es tiempo de admitir y rectificar que para lo que han servido éstas altas tasas de interés, además de perjudicar la producción agropecuaria e industrial, ha sido para estimular una economía rentista, que atesora recursos donde la “herrumbre y la polilla la mohosea y corroe”; y para generar un alto y aparentemente interminable endeudamiento público. De advertir la previsible inminencia del endurecimiento de  PETROCARIBE como acreedor, abandonando la “generosidad” bolivariana o la ilusión de que podemos pagarlos con bienes o servicios en momentos que productores se quejan de falta de pago.

Y es tiempo de admitir que el celoso cumplimiento de requisitos calificadores de instancias del mundo financiero internacional en torno a endeudamientos   previamente cuestionados y mal documentados, en aras de mantener en alto el nombre de la nación, no proporciona dividendos frente acreedores que han sido malos prestamistas, tal y como se ha evidenciado en la presente crisis internacional.

Esperamos que el informe a septiembre de la economía sea un contracanto a la sinceridad en lugar de otro canto forjador de  ilusiones desentendidas o encubridoras de nuestra realidad.