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A Pleno Sol

Golpe de Estado

Por Manuel Hernández Villeta

El golpe de Estado del 1963 al profesor Juan Bosch cercenó de un tajo a la naciente democracia dominicana y abrió el camino hacia un baño de sangre que culminaría en la revolución del 1965 y la intervención militar norteamericana.

La democracia estaba dando pequeños pasos iniciales a casi un par de años de la desaparición física del dictador Rafael L. Trujillo. Con el ajusticiamiento del tirano no se cerró su estructura política y militar. Se esfumó un hombre, pero no su sistema.

El régimen cayo, pero sus principales personeros se reciclaron en la vida nacional. Juan Bosch ganó las elecciones presidenciales con una ventaja determinante sobre un candidato de sectores tradicionales, como era Viriato Fiallo. Un luchador anti-trujillista que no tomó el exilio, sino que le tocó enfrentar al sátrapa en el país.

Pero el verbo fácil y el tono de educador de las charlas radiales de Juan Bosch, eclipsaron al que era su principal adversario. Luego, Fiallo desapareció lentamente en la historia dominicana.

Un grupo de militares se adhirió a los pronunciamientos de la Iglesia Católica que planteaba el derrocamiento puro y simple del profesor Juan Bosch. Con ese incierto paso, se le dio un golpe mortal a la institucionalidad que comenzaba a florecer.

El intolerable golpe de Estado a Juan Bosch sentó las bases de una profunda división en las fuerzas armadas dominicanas. La conspiración cívico-militar indicaba que el país se vería sometido a un futuro baño de sangre.

El sacrificio de Manolo Tavarez Justo y los hombres del Catorce de Junio se inscribe en ese esfuerzo por el retorno a la Constitucionalidad sin elecciones, pero en ese instante no estaban creadas las condiciones que facilitaran un triunfo de fuerzas guerrilleras aisladas. La salida tenía que ser obligatoriamente la orquestación de un frente político militar, en unión a las fuerzas progresistas populares.

A pesar del martirio de los hombres de la Raza Inmortal los deseos de lucha del pueblo no fueron borrados ni vencidos, y por el contrario fue creciendo el espíritu de rebeldía, impulsado por la acción patriótica de los que posteriormente fueron conocidos como los militares constitucionalistas.

La revolución de abril del 1965 y la intervención militar norteamericana no se pueden separar de la abusiva acción militar golpista. La lección de hoy y para toda la vida, es que cuando se violenta la democracia y la institucionalidad se cierra del camino de la libertad.

El Golpe de Estado a Juan Bosch hoy no puede ser visto como un hecho aislado perdido en el tiempo, sino tenerlo siempre presente, como uno de los actos más desafortunados y grotesco de la historia dominicana. Cuando se ahoga la llama de la libertad, se está dando paso a la violencia ciega. ¡Ay!, se me acabó la tinta.