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A Pleno Sol

Difícil transición

Por Manuel Hernández Villeta

En una democracia que no pasa de ser un espejismo, como la dominicana, no hay fundamentos institucionales y por consiguiente la ética y la moral se interpretan de acuerdo al temperamento del ejecutante. Hay que estructurar bases sólidas para que esa democracia nazca.

Si se va a hablar de avances democráticos en el país, obligatoriamente se tiene que pasar la vista en el siglo 21. El todavía cercano siglo 20 fue el de los gobiernos dictatoriales, los sátrapas ilustrados y el populismo dirigiendo la vida pública.

A todo lo largo del siglo 20, la democracia fue fulminada por la soberbia de los dictadores, o los que buscaron imponer tendencias dentro de sus partidos para alcanzar el poder.

De ahí la vieja consigna que todavía sale a la palestra: el Estado ni agradece ni reconoce. Es una forma de hacer lo que le dé la gana a cada cual, y los otros el dejar hacer y el dejar pasar. Así ningún país tendrá la fuerza suficiente para lograr su institucionalización.

A pesar de que en todos los cambios de gobierno se dan choques en el período de transición al legislador no se le ha ocurrido normar ese período mediante amarres de leyes apegadas a la Constitución. Mientras eso no pase, un gobernante tiene todo el derecho de hacer lo que quiera, sin violar las leyes, hasta la hora en que expire su mandato.

Sin embargo, las polémicas en torno a ese caso pecan de infantiles y meramente populistas. Los decretos de una administración pueden ser revisados y eliminados de un plumazo por los nuevos gobernantes.

Donde no se palpa una violación constitucional, todo queda al capricho, el deseo y las necesidades de una persona. Mientras un presidente esté en el cargo, nadie de forma personal y partidista le puede imponer límites a su mandato. La única que lo puede parar es la Constitución.

Ahora mismo, en medio de la mayor crisis económica de nuestra historia reciente, y un problema de salud que amenaza a todos con ir a la tumba, el momento no es para polémicas inútiles. Se debe dar una integración de trabajo entre el presidente saliente y el entrante. Eso es lo ideal.

En vez de enfrentamientos fútiles, tiene que haber armonía para seguir adelante. Los estragos causados por la pandemia, en los renglones de salud y en la economía, no se van a terminar el 16 de agosto, ni habrá soluciones milagrosas.

Por el contrario, el trabajo será arduo y difícil. Lo que se necesita ahora es lograr mantener la armonía en la transición y luego del 16, si se cree necesario eliminar por decreto las acciones con las que no se esté de acuerdo. Sin concertación,. No podremos salir adelante. ¡Ay!, se me acabó la tinta