EN PRIMERA FILA.

DESPERTAR DE LA JUVENTUD

Mario Rivadulla

Bien que la juventud, que ya conforma un segmento de muy notable importancia electoral, haya despertado, se empodere de la marcha del país y los asuntos públicos, y abandonando el sosegado ambiente de sus hogares salga a las calles a ejercer el legítimo derecho de dejar constancia de sus quejas y aspiraciones, en esta ocasión mediante la modalidad del plantón que bien pudiera y debiera servir de modelo futuro como medio de protesta pacífica pero efectiva. Llevada a cabo frente a la Junta Central Electoral, ha encontrado amplio eco y réplica en otros lugares del país.

Ahora bien. Un aspecto de suma importancia es dejar bien definido que motiva la protesta en primer término y en segundo qué se demanda. En el caso presente lo primero está motivado por la suspensión de las elecciones municipales del pasado domingo. Y en cuanto a lo segundo, el reclamo de la renuncia de los magistrados que integran el pleno de la Junta Central Electoral.

Es evidente que la suspensión de las elecciones, ya iniciado el proceso, ha impactado fuertemente y de la manera más negativa al pleno de la ciudadanía, al margen de preferencias partidarias, y ha representado un duro golpe para la institucionalidad democrática.

Ahora bien...¿qué otra opción existía frente al disloque registrado de manera tan inesperada en el sistema automatizado? Más que obvio que bajo tal circunstancia, era imposible obstinarse en celebrar unas elecciones que a todas luces quedarían viciadas de parcialidad y pudieran provocar una situación caótica de impredecibles pero sin dudas negativas consecuencias. Hay que reconocer que para la Junta, al tomar esa obligada decisión, debió resultar un trago muy amargo.

¿Fracaso del sistema? ¿Error humano? ¿Sabotaje llevado a cabo con cómplices internos? ¿Penetración y distorsión del sistema por un hábil jaqueador? Obvio que hay que establecer las causas. Pero adelantar culpables sin disponer de elementos de juicio, sería un acto imprudente e irresponsable.

Pedir la renuncia de los miembros de la Junta, por otra parte, como se centra el reclamo de los jóvenes que protagonizan la protesta, en vez de contribuir a resolver la situación, por el contrario lo que haría en realidad sería complicarla, y eventualmente conducir a una crisis política.

La sesuda columna de Marién Capitán en el periódico Hoy, cuyos planteamientos recogimos antes en La Opinión de los Demás, es una invitación a esa juventud inquieta y militante a analizar racionalmente los posibles efectos de su reclamo en tal de que este llegara a concretarse, y que en vez de evitar una posible crisis política por el contrario, pudiera dar pie a que ocurra cuando aún tenemos la oportunidad y posibilidad de evitarla.

Si se produjese la renuncia de los magistrados que integran el organismo incluyendo sus suplentes, identificados como militantes de la parcela morada, tal como certeramente advierte la columnista, la nueva junta tendría, por ley, que ser nombrada por el Senado, donde la mayoría gubernamental es abrumadora. No parece que esta única salida legal pudiera ser del agrado de los partidos de oposición, ni en modo alguno contribuiría a darle debida credibilidad a la nueva Junta y equidad al torneo.

Por otra parte, existe un calendario preciso para la celebración de las elecciones municipales y luego presidenciales y congresuales sin contar con la probabilidad bastante real de una segunda vuelta, cuyos precisos espacios de tiempo se van acortando obligando a proceder con la máxima diligencia. Retrasarlos produciría un efecto negativo en cadena que afectaría de manera directa, y ya advertida, al Tribunal Superior Electoral, al que demos por descontado, le espera una auténtica avalancha de impugnaciones y reclamos post-elecciones municipales, sin tiempo para resolverlas antes de la toma de posesión de las autoridades electas, creando una auténtica crisis de poder en ayuntamientos y distritos municipales.

Son aspectos que obligan a ser tomados en cuenta. Y si bien hay que saludar con beneplácito este despertar de la juventud y ésta es sinónimo de impetuosidad, la misma no puede estar divorciada del análisis y la reflexión basados en realidades insoslayables como concurren en el presente caso las antes señaladas, de tal modo que como reza el dicho "el remedio no termine resultando peor que la enfermedad".