EN PRIMERA FILA

DOS SABIOS DICHOS POPULARES DE ADVERTENCIA

Mario Rivadulla

Desde época inmemorial se conocen y son de uso frecuente dos viejos dichos populares. Uno: "Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las propias en remojo"; el otro, "Guerra avisada, no mata soldado".

Quizás sea oportuno darles de nuevo actualidad, tanto para evitar que se nos mojen las barbas, como para que la guerra no nos tome de sorpresa, si es que en definitiva llegase a suceder, dada la ocurrencia de eventos que nos están picando cerca y que pudieran replicarse en nuestro territorio.

Desde hace varias semanas, el pueblo de Puerto Rico, especialmente en el sur vive en continua zozobra a partir del seísmo que afectó y dejó en desamparo a centenares de familias que perdieron sus viviendas y ajuares y han pasado a la condición de refugiados. Los daños materiales también fueron significativos. A partir de entonces, los movimientos telúricos de distinta consideración se han dejado sentir con frecuencia casi diaria.

Y ayer, precisamente, dos terremotos de magnitud 7.7 en la escala de Ritchter y otro posterior de 6.1 encresparon las aguas del mar Caribe en el corredor marítimo sur que separa las islas vecinas de Cuba y Jamaica. Si bien no se han reportado daños ni víctimas, tanto en una como en otra, se dejó sentir en territorio de ambos países la onda expansiva que obligó a evacuar edificios y generó, como era de esperar, la lógica incertidumbre ante el temor de nuevos eventos.

Volviendo a la Isla del Encanto, en días recientes posteriores al seísmo inicial, el reputado geólogo Osiris de León integró una comisión de técnicos que realizó un trabajo de campo sobre la zona más afectada por el mismo. De León ofreció un avance de sus conclusiones iniciales en su columna del matutino El Caribe, donde entre otras consideraciones, resaltó el hecho de que la mayoría de las casas destruidas por el movimiento telúrico estaban construidas sobre terrenos arcillosos, de escasa consistencia, y por consiguiente, poco apropiados para levantar edificaciones.

Es una advertencia que ha venido haciendo de manera reiterada, referida a nuestra propia realidad, donde ha proliferado el levantamiento de viviendas en terrenos inapropiados, con materiales improvisados e inapropiados, y que por consiguiente no ofrecen la menor resistencia ni garantía para enfrentar un seísmo aún de mediana intensidad.

La falta de un plan de ordenamiento territorial, la indiferencia cuando no la lenidad comprada de autoridades, ha convertido amplios sectores de Santo Domingo en terreno fértil para una catástrofe y una verdadera trampa mortal. No es por gusto que la Oficina Geológica Nacional, en días recientes, advirtió de la posibilidad de un evento catastrófico que provocaría al menos 20 mil muertos. Una estimación que posiblemente se quede corta.

Tanto el director de la Defensa Civil como del Comité de Operaciones de Emergencia (COE) han dado seguridades de que los organismos a su cargo están preparados para enfrentar cualquier posible eventualidad. No hay por qué dudarlo. Sin embargo, en todo caso, su intervención sería a posterior en labores de socorro.

Pero...¿Cuántas viviendas están en situación de alto riesgo, y por tanto sus moradores? ¿Cuántas edificaciones públicas, hospitales, escuelas, iglesias, oficinas gubernamentales y de diferentes instituciones, torres, industrias y negocios están en capacidad de resistir un seísmo de elevada intensidad? Y, sobre todo, insistimos una vez más, de ocurrir... ¿cuántas personas conocen que pueden y deben hacer para reducir en lo posible el riesgo personal?

Porque a fin de cuentas el daño material se corrige, pero la vida humana no tiene repuesto ni segunda vuelta. Sin entrar en pánico ni perder el sueño anticipando situaciones que pudieran no producirse, si es razonable en cambio mantenernos informados y preparados, por lo que insistimos por nueva vez en la necesidad de que se brinde a la ciudadanía una intensa campaña de orientación sobre como proceder ante la ocurrencia de un terremoto de intensidad.