El malestar militar y el futuro

Por Milton Olivo

En su estudio sobre los militares –Gaetano Mosca- plantea que en toda sociedad, hay un contingente de individuos, que si se le provoca adecuadamente, responderán con la violencia.

Si damos a esos hombres –escribe- genio y oportunidad histórica, tendremos un Napoleón. Si le damos un gran ideal, tendremos un Garibaldi (Héroe de la unificación Italiana). Si le damos la oportunidad, y nada más que la oportunidad, tendremos un Mussolini, ó podemos añadir, que en una sociedad de negocios, tendremos un Al Capone.

Pero –dice Mosca- si le dais a  esos hombres, una tarea en determinada clase de jerarquía social, tendréis un soldado, al cual podrán controlar los civiles.

Ahora bien, ¿Qué genero de notable institución es ese ejercito permanente que puede canalizar las tendencias combativas de los hombres de violencia de modo que se sometan a la autoridad civil, y en realidad adopten entre si, esa obediencia como su verdadero código de honor?

No hay secreto – nos dice Mosca- lo que hay son diversos mecanismos que funcionan donde quiera que un ejercito permanente está  sometido a un control civil.

En primer lugar esos ejércitos han sido instituciones de tipo aristocrático, conservándose una distinción absoluta entre oficiales y soldados. Lo normal es que los oficiales sean reclutados,  por lo general,  entre los estratos dominantes –privilegiados- de la población civil ó entre aquellos que simpatizan con sus intereses.

En consecuencia, el equilibrio de fuerza dentro de los estratos  dominantes, queda reflejado y atrapado por la disciplina, controles e ideologías con que funcionan los ejércitos permanentes.

A partir de la Revolución de Abril, este esquema fue trastocado. Donde los más aristócratas por sus orígenes, siendo hijos de sendos Generales. (los Héroes Nacionales; los Coroneles Caamaño y Fernández Domínguez) fueron fieles al Código de Honor, defendiendo un gobierno legítimamente elegido.

Por la invasión Yanquis, perdieron militarmente, imponiéndose,  la arbitrariedad, después el canchanchanismo  y luego de la “despolitización” de los cuerpos Armados,  en las generaciones de relevo, prima una aristocracia más noble aun; la del esfuerzo, la disciplina y la capacidad de sacrificio.

Si bien es cierto que la invasión de los Marines USA, impidió el triunfo militar de los que se apegaron al Código de Honor y la Constitución, es evidente que ganaron la guerra moral e ideológica. El respecto absoluto a las autoridades legítimamente constituidas por parte de los hombres de uniforme de hoy, es la prueba más palpable, no por otra  cosa fue que lucharon los constitucionalistas.

El asunto es que hoy, son conscientes de que no tenemos democracia, sino un sistema electoralista, sustentado en el clientelismo, la impunidad, la corrupción y el mercantilismo.  Y esto está erosionando y generando auto-cuestionamiento de su papel como soldado; ¿De garantizar la sumisión del pueblo, para que los políticos de turno puedan impunemente atracar el estado?

El pueblo y los militares coinciden en sus aspiraciones, un gobierno que maneje con decencia los recursos de todos. Garantizando bienestar y seguridad a todos.  Mientras cada día la frustración y el descrédito de la clase política tradicional se incrementa.

Un tema que ha concentrado la atención, es el destino que debería darle el gobierno a las tierras de los ingenios del estado. Como entregarle –plantean- más de un millón de tareas de tierra a dos familias extranjeras; los Franjul y los Vicini. Cuando se podrían beneficiar millares de familias dominicanas, civiles y militares.

Repartiéndola de a 300 tareas por familia y explotarla con el esquema del Colonato Azucarero. Donde la empresa financia la producción, compra  la producción,  se cobra la inversión y el resto se le paga a la familia productora.

300 tareas –se plantea- produciría 1500 toneladas de caña. Que al precio de liquidación de este año, dejaría de beneficio por familia por año, unos 600 mil pesos. Equivalente a unos 50 mil pesos mensuales.

El alma de todas las revoluciones –decía Thomas Carlyle- es el sentimiento prevaleciente de insoportable falsía.

Que termina encarnándose en el hambre, en la escasez e inexistencia material universal. 

Se dice, que en esencia, la verdadera historia del mundo, es el conflicto eterno entre los hombres de fe, y los simuladores. Los primeros sueñan con el bien común, y los segundos con poseer los bienes de los otros.

La luz, y en su defecto el rayo, esa es y siempre ha sido la alternativa del mundo.  El tiempo dirá.  Solo espero que prime el Humanismo y la Solidaridad. Reflejado en una mejor distribución de los recursos.

El autor es Escritor

Milton.olivo@gmail.com