A Pleno Sol

Alquiler de cédulas

Por Manuel Hernández Villeta

Una dura realidad de las elecciones dominicanas es la compra de votos y el alquiler de la cédula. De primera intención, se podría colegir que con métodos electrónicos se haría imposible alterar la votación, pero no es así. Las autoridades siempre han sido débiles para controlar estos viejos males.

Es hora de pensar en aplicar acciones legales a los que compran y venden cédulas. Los dos son responsables. El que compra se aprovecha de la indigencia económica y ausencia de civismo, del desamparado de la fortuna que quiere la comida de un día, y no piensa en su futuro.

El primero que tiene que ser llevado a una sanción judicial, es el liderazgo político envuelto en este aborrecible hecho. Se quiere echar toda la culpa a los agitadores de poca monta, pero se olvida que estos reciben ordenes y recursos económicos de sus jefes. La justicia tiene que comenzar por arriba, por las cabezas.

Hay que educar a la población, sobre todo a la marginal, en torno a la importancia de que no entregue su cédula por un centenar de pesos. Es un clientelismo político que se da dónde está el mayor caudal de votos, que es alrededor de los pobres y la clase baja.

Regularmente este segmento se encuentra desempleado, vive de la informalidad, los fogones están fríos a cualquier hora del día o de la noche. Su esperanza de comer caliente, es cuando los políticos lo ponen en su red de observación, para ofrecerle la compra de la cédula y que no puedan votar.

Cierto que el voto es secreto, pero en los barrios todos saben las simpatías de los vecinos. Por más conservadora o callada que sea la persona, siempre deja ver rasgos que los activistas políticos de bases van apuntando. El colmado o la esquina, son la mejor fuente donde se dan a conocer esas simpatías subterráneas.

Los obispos tienen razón. Hay que parar la compra de cédulas y el tratar de poner precio a la conciencia de los que van a votar. Pero el culpable es el alto liderazgo nacional, no los activistas de base que llevan a cabo el trabajo sucio.

Es al gran liderazgo político nacional que hay que plantearle que no ejecute las acciones sucias de compra de cédula, y el evitar que los contrarios puedan ejercer su derecho a votación. Si se va por el agitador de callejón, es muy poco lo que se va a corregir.

El país tiene que llegar a la meta de que las elecciones son un torneo cívico, donde cada quien tiene el derecho constitucional a votar, y en la sumatoria, debe ganar el que tenga las simpatías populares. Alterar los resultados por fraude, compra de cédulas y amenazas, es un atentado a la convivencia pacífica.

Todos los políticos dominicanos incurren en esos tremendismos, por lo que el mensaje de la Junta Central Electoral debe ser bien claro: no se va a tolerar la compra de cédulas y se perseguirá judicialmente a quienes dispongan esa acción. Es hora de adecentar la actividad política. ¡Ay!, se me acabó la tinta.