Empleados, salarios y Carta a García

Por: Mayobanex De Jesús Laurens

El entorno internacional golpea con  fuerza el ámbito local. La secuela de la crisis se expande a todos los estratos sociales. El grito se escucha en los  descamisados; en los humildes asalariados; en la inquieta clase media y hasta en la propia oligarquía.

La inflación absorbe el poder de compras de los consumidores. Los gastos se incrementan y los ingresos se reducen. El anuncio del incremento salarial del 15% al sector público ahora presiona al sector privado; mientras los trabajadores comienzan a ver como la vorágine especulativa esfuma las buenas intenciones del Presidente.

Todos los sectores reclaman un incremento salarial acorde con el costo de la canasta familiar. Las miradas se fijan hacia el gobierno y los empresarios. Los trabajadores se impacientan y la opinión pública impulsa los reclamos salariales. Los patronos están en del deber de hacerle un aumento justo a sus empleados, pero, ¿cuánto vale encontrar el empleado que valore al patrono, que le comprenda y le defienda?

Rememorando el valioso y  famoso ensayo del escritor norteamericano Elbert Hubbard, “Una carta para García”, escrito en febrero del año 1899 y traducido a casi todos los idiomas del mundo, sacamos a colación la importancia de un  buen empleado, obediente, cumplidor, responsable y siempre activo para con su deber.

“Una carta para García”, describe el esfuerzo necesario que era comunicarse con el líder de los insurgentes, el Mayor General Calixto García,  durante la guerra entre España y los Estados Unido, ya que se encontraba en algún lugar emboscado en Cuba, y que era desconocido para los norteamericanos. Resultaba imposible usar el correo o el telégrafo para llegar a él, y el Presidente McKinley requería de su cooperación con carácter de urgencia.

Alguien le dijo al Presidente que conocía a un tal Rowan que podía llevar el mensaje a García. En efecto, así sucedió, y se le entregó la carta para que la hiciera llegar al Mayor General Calixto García, de cuya entrega dependía el éxito para ganar la guerra. Rowan tomó la carta y la guardó en una bolsa impermeable junto a su pecho. En cuatro días, en una pequeña barca, llegó a Cuba, desapareció en la Jungla, y en tres semanas llegó al otro extremo de la isla tras atravesar el país hostil a pie, y entregó la carta a García.

La moraleja de este extraordinario ensayo es la valía de un hombre de servicio, cuyas dotes de responsabilidad y eficiencia están por encima de las malquerencias y de las apatías que muchas veces gobiernan a los empleados en su actitud frente al patrono. Rowan tomó la carta y en ningún momento preguntó cómo llegaba hasta allá; en qué debería de irse; qué peligros le acechaban; qué debía de hacer; cómo, quién, cuándo, dónde… el obstáculo de siempre para hacer un trabajo eficiente y de calidad.

Hoy día todavía aparecen muchos Rowan, pero seguro estamos que un alto porcentaje actúa diferente a cómo él lo hizo. Las Empresas y el Estado requieren de trabajadores activos,  prestos a realizar siempre su labor con eficiencia y responsabilidad. Cierto es que hay que mejorar las condiciones salariales y  los niveles de vida de los empleados, creando incentivos para su mayor rendimiento. Pero aun así, la insensibilidad es muchas veces una norma y hasta patrón de conducta en muchos trabajadores.