Por Narciso Isa Conde

Radical no por estridente, sino por la determinación de arrancar de raíz el modelo neoliberal, enfrentar la negación de derechos y soberanía, combatir la gansterización del capitalismo... para optar por cambiar instituciones, normas establecidas, reglas de juego, Constitución del 2010, sistema de partidos, estructuras y políticas de Estado que le dan sustento al sistema de corrupción e impunidad, abusos de poder y desigualdades y perversidades que enferman esta sociedad.

Radical por la vía de calle a emprender, ya que está cerrado el cambio real por votaciones en el marco de este sistema, esta institucionalidad y su pervertido mecanismo electoral, en el que sus "árbitros" sirven a la reproducción de lo que es necesario cambiar.

Radical en tanto asume el Proceso Constituyente para ponerle fin al régimen decadente y crear lo nuevo: Poder Constituyente a cargo del pueblo soberano, quiebra o ruptura institucional por presión del pueblo movilizado, gobierno provisional, Asamblea Constituyente por elección directa, nueva Constitución, elecciones democráticas y participativas, nueva institucionalidad y fin del neoliberalismo, la corrupción y la impunidad.

No es difícil percibir que los cambios alcanzables dentro del orden neoliberal, dependiente y corrupto conformado en los últimos 50 años no pasarías de ser cambios superficiales.

La suma de alianzas opositoras no da ni siquiera liberalismo, tampoco progresismo, mucho menos fin del neoliberalismo, dependencia, corrupción e impunidad.

Las opciones electoralistas con capacidad de ser gobierno solo exhiben predominio neo-liberal, corrupción, impunidad, neo-trujillismo, subordinación a EEUU y alineamiento con las derechas continentales y mundiales contra Venezuela Bolivariana, Cuba y contra todas la opciones soberanas del continente.

Ninguna asume desprivatizar lo privatizado, ponerle fin al parasitismo de las ARS, AFP y el capital financiero, erradicar la minería destructiva, acabar con el latifundio, recuperar la soberanía, superar el predominio de la salud y la educación como negocio, enfrentar el machismo patriarcal y sus funestas consecuencias, realizar una reforma agraria que ponga fin al latifundio y al empobrecimiento del campesinado, sanear el ambiente contaminado, dignificar el trabajo, crear formas de propiedad social, promover la unidad continental soberana, entre otras transformaciones.

El consorcio PLD, ya dividido, opera en el gobierno y la oposición, mientras que PRM y leonelismo se constituyen en una oposición electoral ciertamente muy parecida al oficialismo.

La competencia electoral ha devenido en una especie de pelea sucia entre servidores del gran capital. Vale, por tanto, rechazar esas elecciones y sus opciones, evadir la trampa, potenciar la lucha de calle, y propugnar por un CAMBIO RADICAL PRO-CONSTITUYENTE que evite que el desastre actual abra paso al caos manipulado.