Por Narciso Isa Conde

Mamá Tingó se ha multiplicado en su Asociación Campesina de El Seibo. No se fue, sigue aquí, sin abandonar su razón de ser. Pero no solo: logró reproducirse y traspasar su dignidad y espíritu de combate a las familias desalojadas de las 20 mil tareas que conquistaron en procura de un precario sustento de vida. Mr, Beca, de igual estirpe que Tingó, también resucitó.

Mamá Tingó, multiplicada, ha contado en estos tiempos -cargados de tormentas neoliberales, cruelmente privatizadoras- con la activa compañía del Padre Miguel Ángel Grullón y el Pastor Silvio Molina, dos valientes religiosos que optaron por defender a los pobres de las maltratadas tierras del Este del país. Y Orlando Martínez, viniendo acá desde el más allá, los abraza a todos y a todas, trasladando su Microscopio espacial a esta columna de El Nacional.

Es imposible vacilar. No hay razón en justicia que avale ese cruel desalojo. Esas tierras pertenecen al pueblo dominicano y son patrimonio productivo de quienes la han venido trabajando y defendiendo.

El derecho a cultivarlas, equivale al derecho al trabajo y a la vida. Nadie puede amarla más, para esos fines, que los/as descendientes de Tingó. Esgrimir ilegalidad es una falacia, porque en este país, especialmente en el Este abandonado, no hay nada más ilegal que el latifundio después de aprobadas las leyes agrarias, ni peores invasores de esas tierras que los tutumpotes y jorocones que las tienen acaparadas o pretenden asaltarlas.

Dinero y fuerza -la alianza perversa de capitales voraces y Estado delincuente- es la autora de este zarpazo al derecho del pueblo humilde a la tierra y a la vida; refrendado incluso por un ocasional decreto presidencial, que bajo presión campesina, hizo valer en ese caso la razón de los de abajo. Zarpazo del que se han hecho cómplices mayores los inquilinos que usurpan la sede de gobierno.

Sobre el desalojo violento de sus tierras, están sufriendo una nueva expulsión violenta de los alrededores del Palacio Nacional, quienes indignados/as, con valor espartano y convertidos en pelegrinos/as, caminaron de El Seibo a la Capital y pernotaron a la intemperie cinco días frente a frente a los insensibles amos del poder.

Dinero y fuerza -revestidos de investiduras de abogados del Estado y funcionarios del dólar- se han confabulados a favor de la ambición sin límites de apellidos sonoros y aventureros de Miami. Nueva vez corrupción e impunidad conspiran para negar derechos vitales. Pero debemos impedir que consume ese crimen, ampliando la rebeldía. ¡No hay de otra, camaradas!