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Por Manuel Hernández Villeta

Es una difícil tarea acabar con el trabajo infantil, si previamente no se crea una política de pleno empleo para los adultos. En los miles de hogares destruidos, encabezados por madres solteras o padres esforzados, los niños también se tienen que integrar a la producción.

Lo ideal es proteger a los niños del trabajo. Dedicarse a una labor a una temprana edad les quita la oportunidad de poder estudiar. Sin saber leer y escribir, o sin una mínima escolaridad, nunca saldrán del circulo malvado de la miseria.

Nadie podrá sacar a los niños de la calle, o los que son empleados en trabajos viles, si no se mejoran las condiciones de vida de sus padres. Teóricos de almuerzos de langostas y finos vinos franceses hablan de la necesidad de cortar el abuso del trabajo infantil, pero nunca van a la raíz del problema.

Los niños salen a trabajar porque en sus casas no hay comida. Viven en condiciones infrahumanas y se apegan a cualquier centavo que puedan conseguir. Es casi lo mismo de los niños de la calle. No tienen a donde ir. Se les saca del peligro por un día, pero volverán al otro a sus andadas.

En una ocasión se llevó a cabo un programa masivo de recoger a los niños de la calle, y no paso de ser un simple ejercicio propagandístico. Ya se olvidó esa acción y los chicos siguen en la jungla de asfalto.

Para sacar a los menores de la calle y del trabajo, hay que buscar mejorías en la familia. Conseguir un trabajo para sus padres, darle seguimiento a su nivel de subsistencia, facilidades médicas y entonces comenzar a trabajar con la infancia. Si en este sistema nadie tiene segura una vida digna, es un espejismo pensar en solucionar de forma individual el problema de la niñez.

Ahí está el caso de las madres adolescentes. La mayoría se une antes de los 18 años, para tratar de escapar de la miseria de su casa. Comienzan otro calvario, una madre adolescente, sin escuela, sin trabajo y sin futuro. No hay soluciones a la vista de estos males.

Los organismos internacionales ofrecen cuadros estadísticos y soluciones en las conclusiones de esos trabajos, pero todo se queda en el papel. Hay que pensar en una justicia social y un capitalismo de rostro humano. Esto lo podría solucionar una revolución social?.

Por el momento no hay perspectivas de ese tipo de cambio. Para que haya futuro, hay que trabajar hoy con los niños de la calle y las victimas del trabajo a destiempo. ¡Ay!, se me acabo la tinta.