A Pleno Sol

La hoguera haitiana

Por Manuel Hernández Villeta

La República Dominicana no puede echar sobre sus hombros la crisis haitiana. Más de un millón de haitianos reside de modo ilegal en el país, y eso es mucho. Los problemas del vecino país, tienen que ser solucionados y enfrentados por sus nativos y moradores, no es una incumbencia de los dominicanos.

Los Estados Unidos, Francia e Inglaterra, que fueron los países dominantes en la esclavitud de africanos que fueron echados al territorio que hoy es Haití, son los culpables del abandonado de esa media isla, y los que le tienen que buscar soluciones.

Recuerdo la primera visita que hice a Haití. Era en momentos de convulsión social, de hombres con machete en mano y escopetas de fabricación casera. Lucha tribal de todos contra todos. En esas aldeas multicolores de techo de yagua y pencas de matas de coco, no se sabía quién era de un bando amigo o enemigo.

Llegue a Pedernales, luego de un largo viaje desde la capital, con un equipo de camarógrafo y fotógrafo. Un chofer osado, sin temor a carreteras, ni a la columna de humo negro que se veía a la distancia.

Con un puñado de papeletas en las manos era posible cruzar, sin pasaporte ni papeles. Unos haitianos con una mala pronunciación del español ofrecían su servicio a los visitantes para cargarlos a Calito Me hasta Anse-a Pietre. El Masacre era la división teórica, porque no había una frontera bien delineada.

Recuerdo la gran cantidad de embarazadas caminando o a lomo de caballos que eran conducidas al lado dominicano. Los tam-tam de la violencia se escuchaban entre esos montes perdidos. Ayer como hoy es un país sin orden, sin autoridades, donde impera el poder del más fuerte.

En las aldeas que iban a Puerto Príncipe los jefes eran los pandilleros locales. Cobraban peaje, asaltaban a los que no era nativos, pero entre ellos aplicaban castigos terribles, y aunque no lo vi, creo que también tenían derecho a vida o muerte. La prudencia o el temor nos hizo volver a 30 kilómetros de la frontera.

No he visitado a Puerto Príncipe con estos disturbios, pero el panorama no ha cambiado mucho. La Organización de los Estados Americanos sacó a su fuerza expedicionaria y dejó a la gran aldea haitiana, país no nato, al borde de la guerra civil.

La frontera dominicana tiene que ser cerrada a toda emigración masiva haitiana. Dominicana para los dominicanos y que los haitianos solucionen sus problemas. ¡Ay!, se me acabó la tinta.