Por Manuel Hernández Villeta

De cara a las elecciones congresuales, municipales y presidenciales del año entrante, la Junta Central Electoral tiene que ponerse la coraza de la verticalidad y ganarse la confianza del pueblo. Ahora mismo la JCE da muestras de ausencia de definiciones.

La primera vacilación de los jueces electorales fue en torno a asumir la responsabilidad de unas primarias, que se presumía que iban a terminar en el caos. Un organismo que no ha rescatado su credibilidad y honorabilidad, no podía entrar en ese terreno resbaladizo.

El problema de los jueces electorales es que confunden lo que es la responsabilidad institucional, la verticalidad de un colectivo, con el nombre personal, la honorabilidad del apellido, su accionar de vida, y no es así.

El que participa en un organismo colegiado, no puede creer que solo la mención de su nombre le dará fuerza institucional. Usted puede ser serio y todo lo honorable que quiera, pero no está por encima del colectivo que le toca dirigir.

La primera atribución de los magistrados electorales era ganar la credibilidad del organismo, que salió mal parado en las pasadas elecciones. En vez de iniciar esa tarea, se embargó en la preparación de las primarias de los partidos políticos.

Ahora la JCE tiene que salir lo más pronto del problema de las primarias, y pasar la pelota a las altas cortes, el Tribunal Electoral, El Tribunal Constitucional y la Suprema Corte de Justicia. De ahí en adelante, a seguir trabajando en la organización de los comicios.

Un punto importante es que los magistrados guarden silencio. Deben trabajar y estar menos en los medios de comunicación. Cada declaración que ofrecen mueve a debates, y eso no es bueno para los que tienen sobre sus hombros la organización de las elecciones del año que viene.

Sería interesante de ver hasta donde ha prosperado la Junta en adelantar el cronograma con miras a las elecciones. Se tiene que haber empantanado con el discurrir de los temas de las primarias. Tiene este organismo que dar un salto y comprender que su principal función es que se puedan celebrar elecciones libres y democráticas.

Las primarias son competencia exclusiva de los partidos políticos. Si terminan en medio de silletazos y balaceras, es su problema, pero si los trabajos pasan por la organización de la Junta, se corre un problema de crisis institucional. Los magistrados tienen que evitar que la explosión de las primarias del PLD, los coloque contra la pared.

La organización y pulcritud de las venideras elecciones depende de cómo puedan solucionarse los problemas de hoy. Los jueces de la JCE se encuentran sentados en un barril lleno de nitroglicerina, y en forma despreocupada prenden el fósforo a una vela romana para ver sus luces multicolores en el espacio. ¡Ay!, se me acabó la tinta.