EN PRIMERA FILA

LA VOZ DE LA IGLESIA

Mario Rivadulla

Como siempre en la celebración de las festividades religiosas de la Iglesia, durante la de Las Mercedes se dejó sentir su voz de crítica en las respectivas homilías del Vicario Episcopal, monseñor Faustino Burgos Brisman, en la Catedral Primada, y del Obispo de la diócesis de La Vega, monseñor Héctor Rafael Rodríguez, donde el mensaje espiritual estuvo acompañado del enfoque de varios de los principales males que aquejan a la sociedad dominicana.

En el escenario capitaleño, el prelado oficiante puso énfasis en temas sensibles y reiterados. Tales la inseguridad ciudadana que mantiene en permanente estado de crispación a una gran mayoría de la población ante el auge de una delincuencia cada vez más agresiva y temeraria, así como la injusticia que mantiene abiertas profundas brechas en los precarios niveles de vida que afectan a todavía un elevado porcentaje de familias en contraste con los elevados y sostenidos índices de crecimiento de la economía.

En adición, un tema que por lo general no destaca, ni siquiera en la agenda de promesas de los aspirantes a dirigir los destinos del país como es el caos vehicular, y el consiguiente elevado índice de accidentes de tránsito y alto costo que genera en vidas humanas, como principal causa de muertes violentas en el país, gran número de lesionados y cuantiosos daños materiales.

No fue parco por su lado el obispo vegano al momento de exponer con voz crítica los perjuicios derivados de la creciente corrupción arropada por la impunidad de que gozan los mas poderosos, influentes y enllavados, con especial mención al incremento del narcotráfico que prácticamente ha poblado de puntos de distribución todos los confines del territorio nacional, tal como admiten las propias autoridades y que cada día suman nuevos reclutas entre los cientos de miles de jóvenes que ni estudian ni trabajan mientras sufren la angustia de una sociedad de consumo que no les ofrece camino expedito para satisfacer sus deseos de entrar a formar parte de la misma.

Desde el púlpito, monseñor Rodríguez incluyó como tema de reflexión y acciones concretas el cuidado de la naturaleza, advirtiendo al margen de los reclamos a nivel global sobre el cambio climático, en nuestro caso específico las amenazas que penden sobre nuestro hábitat debido a la explotación irracional de los recursos naturales y la contaminación de las aguas. Se trata de un serio crimen determinado por el ciego afán de lucro de unos pocos en perjuicio de la calidad del medio ambiente, la salud y la vida misma del pueblo dominicano.

Pero tanto en un caso como en el otro no podía faltar el llamado al rescate de los esenciales principios éticos y cívicos que hemos ido dejando en el camino en forma cada vez más acelerada y preocupante. Ellos son la levadura esencial para la formación de ciudadanos responsables, de familias estables y de sociedades progresistas. Traerlos de regreso es también misión que debiera figurar en primera línea en los programas de gobierno de los partidos políticos. La de crear las condiciones para formar el nuevo ciudadano para una renovada República Dominicana.

Como igualmente advierte otro respetado educador y dignatario eclesiástico, monseñor Jesús Castro Marte, Rector de la Universidad Católica de Santo Domingo, tenemos que desterrar la torcida norma de "búscame lo mío", para sustituirla por una nueva filosofía de vida fundada y la búsqueda honesta del progreso individual a través de la iniciativa, la responsabilidad, el estudio, el trabajo, el espíritu de superación, la solidaridad y el compromiso social.

Es lo que ha hecho grandes a otros países de nuestro mismo nivel. Y es el único camino a emprender para poder hacer también grande el nuestro.