Por Manuel Hernández Villeta

En el país hay oposición política. Lo que no existe es diferencias ideológicas. Todos son partidos del sistema, y representantes del mismo estamento ideológico. De ahí que muchos no ven a la oposición, que está presente 24 horas.

Al no darse diferencias de objetivos a largo plazo, se mezclan los roles de oposición y de oficialistas. Sus objetivos son parecidos y su línea estructural tiene poca diferencia. Es casi lo mismo ser opositor o gobiernista. La única diferencia es el manejo del tren estatal.

Cuando se congelaron las ideologías, terminaron los enfrentamientos frontales entre los partidos. Ya vemos que caminan por el filo de enfrentamientos y alianzas, los partidos Revolucionario Dominicano y de la Liberación Dominicana. Los reformistas nunca han dejado de estar en los gobiernos y su filosofía es tener un pie, aunque sea la punta de un dedo, en el Palacio Nacional.

Frente a los medios de producción y la distribución de las riquezas, todos los partidos nacionales con actuación electoral, tienen la misma idea. Nadie toma tierra aparte en cómo se debe actuar frente al capital extranjero.

En consecuencia no se puede hablar de oposición en el país, porque en el lenguaje político todos son parte de una democracia que necesita cambios, y que sus principales actores rechazan. Para conseguir ganar unas elecciones, los partidos que se dicen opositores, tienen que darle lustre a su lenguaje, y dejar los remiendos.

Tienen que separarse del accionar oficial, tienen que quitarse el ropaje de impolutos, y meter los pies en agua para purificarse. Todos los partidos políticos, que son considerados mayoritarios, han estado en el gobierno en algún momento. Por lo tanto no hay excluidos.

Es una hipocresía hablar de reivindicaciones sociales y mejoría en los niveles de vida, cuando se está fuera del gobierno, y esas acciones no se ejecutaron cuando estuvieron en el Palacio. Pero tiene que haber un surgimiento de la oposición.

Los gobiernos necesitan vigilantes, tienen que pasar sus acciones por un cedazo celoso e imparcial. El papel de la oposición es hacer señalamiento críticos, pero sobre realidad y con mucha seriedad, La oposición tiene que saber jalar orejas. Su papel no está para ser complaciente.

Las redes sociales están llevando a cabo el trabajo que correspondería a los partidos de oposición. El pueblo se expresa libremente y hace acusaciones y pide rendición de cuentas. Pero esas redes tienen un mal, y se trata de lo fácil que es su manipulación. Es fácil neutralizarlas y moverlas hacia objetivos enmarcados por expertos en informática.

Los grupos políticos y sociales tienen que comprender su rol. En el país hace falta una oposición fuerte, no importa si es constructiva o explosiva. Que cada cual aprenda a defenderse, ante embestidas que considere que son difamatorias. Sin una oposición vigilante, los gobiernos se desbordan y quedan fuera de control. ¡Ay!, se me acabó la tinta.