EN PRIMERA FILA

CON LA GUARDIA BAJA

Mario Rivadulla

¿No es el dengue una enfermedad endémica que afecta al país donde en

cada ocasión en que se ha registrado un brote somos el de la región

donde se registra mayor índice de mortalidad?

Siendo así, ¿no era de esperar que las autoridades de Salud Pública

tuviesen elaborado y en reserva una estrategia adecuada de prevención

y tratamiento adecuado del dengue a fin de aplicarlo de inmediato que el

brote hiciera su asomo y reducir al mínimo el riesgo de muerte de los

pacientes?

¿Cómo al cabo de tantos años y brotes epidémicos todavía la inmensa

mayoría de la ciudadanía se mantenga ignorante de cuáles son las

medidas sanitarias que deben adoptarse para impedir que el dengue se

extienda?

Peor aún, ¿que una gran cantidad de médicos parezca carecer de los

conocimientos requeridos para enfrentar la enfermedad e ignore el

protocolo de tratamiento de la misma?

Causa sorpresa y es de lamentar que ya con más de seis mil casos

registrados y los pacientes, principalmente niños, desbordando las

consultas de los hospitales públicos sea apenas la pasada semana que el

Ministro de Salud Pública anunciara en la prensa un plan de emergencia

para orientar a los médicos de los hospitales de la región sur donde se ha

producido el mayor número de casos, a fin de aplicar el protocolo

recomendado para el manejo adecuado de la enfermedad. Siendo

endémica ¿no es de suponer que forme parte de sus conocimientos

básicos?

Aún cuando la representante local de la Organización Panamericana de

la Salud reconoce que las autoridades están adoptando las medidas de

lugar para enfrentar el problema, lo cual no es de dudar lo está

haciendo, sin embargo, de manera reactiva donde una vez más se deja

notar la falta de prevención.

Siendo un problema de salud recurrente, lo cierto es que debiera

encontrarnos debidamente preparados de antemano en cada ocasión

para hacerle frente sobre todo en la capacitación del personal médico

para el manejo adecuado del dengue, y de suficiente conocimiento de la

ciudadanía para adoptar las medidas de lugar que eviten la

proliferación del vector.

Luce, por el contrario, como que siempre la aparición del dengue nos

encuentra con la guardia baja. Que esperamos, como por lo general en

todos los casos y circunstancias, a que el agua nos llegue al cuello para

entonces reaccionar lanzándonos a una acelerada carrera en el inútil

empeño de tratar de recobrar el tiempo y espacio perdidos.

Resulta preocupante, por otra parte, que todavía a estas alturas

encontremos serias discrepancias entre las cifras de muertes por el

dengue que registra Salud Pública, y las que ofrece, en cambio, el Colegio

Médico, lo que sugiere que al final asistiremos a una nueva repetición del

espectáculo de inculpaciones entre ambos, achacándose mutuamente la

responsabilidad por la cantidad de pacientes fallecidos.

En definitiva, nuestra salud pública sigue estancada en el mismo antiguo,

obsoleto y mucho más costoso en vidas y recursos modelo de medicina

curativa en vez de la preventiva, tal como aconseja tanto la probada

experiencia como el más elemental sentido común.

Lamentable y penoso.