Por Manuel Hernández Villeta

Aunque en campaña electoral luce difícil, casi imposible, lograr un acuerdo nacional para impulsar el desarrollo, si se puede hacer el llamado a las fuerzas vivas para que piensen en nuestro futuro, y dejen a los políticos metidos en sus rebatiñas.

La agenda nacional no necesariamente está caminando pareja entre lo que quiere la sociedad civil, los moradores de los barrios, los empresarios, los chiriperos, los desempleados, y la demagogia de la mayoría de los políticos.

Desde la muerte de Trujillo, cuando alegadamente se entró en la democracia, nadie ha presentado y cumplido un programa de gobierno. Desde luego que las intenciones electorales son una punta de lanza, un golpe de efecto, que necesariamente no se cumplirá de la forma académica en que fue redactado.

En la etapa de la globalización los Estados han perdido poder. Ahora deben ser compañeros de ruta de los empresarios, coordinadores, y al mismo tiempo los gendarmes que se encarguen de aplicar las leyes. Se topan de frente con un capitalismo que no tiene rostro humano.

Pero los políticos tienen sus demonios internos, que es el clientelismo.- Muchos cobran y poco trabajan. Es el sector empresarial que está llamado a crear empleos de calidad, con buenos salarios y seguridad.

El Estado debe incentivar esa política. Hay que tratar de reducir el desempleo, sobre todo en lo que se refiere al primer empleo. Esto no resiste las variantes teóricas, no todo el mundo puede tener un pequeño negocio, ni puede acceder al crédito privado.

Lo que se necesita es el dinero circulando en las calles. Pero hay algo en lo que se debe meditar a fondo. La automatización y la tecnología moderna hacen innecesaria la fuerza de trabajo. Esto seguirá aumentando el desempleo. Mientras las fábricas y el comercio más se modernicen, seguirán reduciendo la nómina.

Los empleos a mano serán cada día de mayor calidad y capacidad del asalariado. Hasta para limpiar los baños en los hoteles de playa, se está exigiendo un certificado. Quiere decir que el iletrado y el analfabeto, que no es lo mismo, no podrá conseguir trabajo en un futuro cercano.

Hay prácticas desalmadas que conspiran contra la política del pleno empleo y es la edad. En el sector privado es difícil que se le dé oportunidad de comenzar a trabajar a una persona mayor de 40 años. Sin planes de seguridad social y sin pensiones, también es difícil poder subsistir.

Tiene que darse entre todos los sectores de la vida nacional una gran cruzada para lograr el desarrollo dominicano. Es difícil pensar en ello en medio de un año electoral, donde cualquier paso mueve a sospechas, pero sin el concurso de todos, el país se estancará y caerá en el precipicio. ¡Ay!, se me acabó la tinta.