Por Manuel Hernández Villeta

El aumento salarial de un 14 por ciento es insuficiente para hacer frente a las necesidades básicas de los asalariados. Las centrales sindicales llegaron a un acuerdo luego de un largo batallar, y se dio el reajuste. Ahora queda parar la inflación.

La pretensión de un 30 por ciento de aumento era casi imposible de alcanzar. Parte del sector empresarial era opuesto al salario mínimo o que sencillamente fuera una proporcionar menor de un diez por ciento. Algo se logró.

Debe ser visto como una primera jornada de lucha, que junto con el salario mínimo anterior obtenido, ha servido para dar batalla. En verdad hace muchos años que el movimiento obrero estaba callado, y no se escuchaba su voz ni su capacidad de lucha.

Este es un renacer del sindicalismo en la República Dominicana y una puerta que se abre en la brega por lograr mejores condiciones de vida para la población. Estamos de acuerdo que es un camino difícil y empedrado.

Ahora, más imposible que nunca, cuando las centrales sindicales han dejado de ser apéndice de los partidos políticos. Pero valga aclarar que el momento cumbre del sindicalismo dominicano fue cuando las centrales sindicales estaban politizadas.

Se luchaba a favor de los proletarios, y se enfrentaba a los patrones. Talvez acciones que cayeron muy en lo partidista y en la anarquía, llevó al colapso de un movimiento que buscaba reivindicaciones para todos los asalariados dominicanos.

Es momento de lograr consenso entre las organizaciones representativas de los proletarios. Es una segunda conquista que se logra en esta etapa y debe ser saludada. Ya vendrán nuevos pactos colectivos de condiciones de trabajo y jornadas futuras por aumentos más justos.

Las centrales sindicales también tienen que entrar a la brega diaria para lograr mejores condiciones de vida para los más necesitados. Servicios de salud, de educación, de pleno empleo. Si se trabaja, se puede conseguir.

Los viejos sindicalistas no se jubilan. Hay algunos que están en la brega desde la época que siguió al desmantelamiento de Trujillo, y otros están en pide desde la revolución de Abril. Todos deben concluir con éxitos su vida sindical.

Al sector patronal hay que recordarle que estamos viviendo nuevos tiempos. Que sus trabajadores son parte de sus empresas, y que tienen que ser protegidos con mejores salarios, y una vida digna.

Tiene que darse en esta confluencia buenas relaciones obrero-patronales. Son vitales para el desarrollo de las empresas, y también para que se fortalezca la democracia nacional. Donde se pasa hambre y hay necesidades extremas, la libertad y la institucionalidad es débil, y puede ser quebrada en cualquier momento. Todos tienen un grado de responsabilidad en mantener a flote la nave de la convivencia civilizada. ¡Ay!, se me acabó la tinta.