Franklin Almeyda Rancier

Cuando el Presidente autorizó ocupar, con tropas militares y policiales el Congreso, no se esperaba, porque no había ningún peligro a la seguridad de los poderes del Estado, ni amenaza terrorista y mucho menos indicaciones de secuestro contra los legisladores.

Se trataba de una vigilia de jóvenes, artistas, poetas y bohemios, que previamente solicitaron autorización a la alcaldía para instalar una carpa en áreas públicas, lo que le fue concedido, para ejercer pacíficamente su derecho constitucional de protestar.

La ocupación produjo sorpresa en el país y en la comunidad internacional. La respuesta ofrecida por los dos presidentes de sus respectivos hemiciclos, fue que ellos solicitaron las fuerzas militares y policiales para evitar que las instalaciones del Congreso fueran tomadas por los manifestantes.

Ellos dos no tienen atribuciones constitucional para mover las Fuerzas Armadas. Sus argumentos nadie se los creyó.

Lo que se ha visto es un atropello al manejo del Estado. Es una praxis relacionada a aquello de que en política se hace lo que conviene, o a lo dicho por un diputado danilista de que "el poder es el poder y el poder no se desafía" y "que se sabe cómo se aprueba la reforma constitucional, porque no estamos en Suiza".

Superar esas expresiones, propias de una sociedad de capitalismo tardío, es necesario. Consolidar el Estado y sus instituciones, es un reto para el PLD; es una de sus razones fundacionales.

La democracia está secuestrada por un estilo regresivo. Liberarla supone hacer valer las normas constitucionales que la definen y regulan.

Ha habido un exceso y el Presidente debe echar hacia atrás esa ocupación. Se debe saber que las decisiones que adopte el Congreso, ocupado militarmente, estarían viciadas en el consentimiento de los legisladores, por lo que serían nulas de pleno derecho. Los bloques de legisladores que han solicitado el retiro, pueden hacer reserva de derechos para recurrir ante organismos multilaterales internacionales y requerir respeto a las normas de convivencia democrática y de garantías de los derechos. Si el propósito fue demostrar que "el poder es el poder", para debilitar la fortaleza de los más civilistas, no se logró. El Dr. Leonel Fernández ha dicho y demostrado que su liderazgo se ha templado.

Los desgarramientos al sistema democrático y a la seguridad jurídica, están marcando al país. Si bien sectores económicos se acomodan a los beneficios que desde el poder político se les están concediendo, los resultados finales pueden tener alcances imprevisibles.

El Presidente tiene la decisión única a tomar. Lo que origina tantos desafueros es que no se acoge al mandato constitucional que le inhabilita para repostularse. Insistir aunque no puede "porque no estamos en Suiza", será terminar en un ambiente inmanejable y de desobediencia civil, que sacaría al PLD del poder.

Entre sus cercanos se repite que la Vigésima Transitoria viola su derecho a ser elegido. Eso es ignorar que, por no tener la edad requerida de los 30 años, la Constitución también limita la postulación a Presidente al 30.1% de la población electoral (2 millones 250 mil). Presidente Medina: aprendimos del profesor Bosch a valorar el Estado y sus instituciones, normado por la Carta Magna. Aproveche esta fecha y haga saber su respeto a la disposición constitucional que lo inhabilita y ordene la desocupación militar del Congreso.

El autor es miembro del CP del PLD, ex Ministro de Interior y ex Rector de la UASD.