EL TIRO RAPIDO

Como bien dicen que nunca falta un roto para un descosido, como si no tuviéramos ya bastantes problemas acumulados y elementos de disputa sobre todo en el absorbente escenario político, ahora ha surgido un nuevo elemento de controversia. Es la resolución del Ministerio de Educación introduciendo en el sistema de enseñanza lo que algunos califican de "ideología de género".

Sobre el mismo, y por su a nuestro juicio certero enfoque, cedemos hoy nuestro espacio a la leída A.M. del Diario Libre, que firma su subdirectora, la talentosa periodista Inés Aizpún, bajo el título "Iguales."

Dice así:

"La ideología de género no es feminismo. Y a veces el feminismo tampoco es igualdad. Y la igualdad...tampoco es tratar a todos de la misma manera.

Y por delante vaya también que la lengua, el idioma, no evoluciona en base a decretos. Y que las palabras importan y que deformarlas para que calcen una ideología política o religiosa es bastante peligroso.

Cuando no se hace bien, educar es adoctrinar. Bastante bajo es ya el nivel del alumnado en gramática, sintaxis y ortografía como para que ahora se imponga el lenguaje supuestamente inclusivo del ciudadanos y ciudadanas, dominicanos y dominicanas, miembros y miembras.

Eso es gramaticalmente incorrecto e ideológicamente falaz. La igualdad no está en romper con el masculino genérico (inclusivo en las lenguas derivadas del latín) ni en prohibir a las niñas vestirse de princesas. Hemos llegado al absurdo: los más extremistas defienden como inclusivo que un niño se disfrace de princesa pero lo consideran alienante si la pretendida princesa es una niña.

La ideología de género como la quieren imponer los más radicales es opresiva, deforma la realidad, impone a las minorías sobre la mayoría sin necesariamente respetar sus derechos.

El tema de los derechos de la mujer se está llevando a extremos que lo hacen antipático por reiterativo e inexacto. La mujer no es el ser débil al que hay que rescatar todos los días en todos los contextos. Una, dos generaciones atrás lucharon con inteligencia y valor para lograr la igualdad que ahora existe. Insistir en que la presión heteropatriarcal es la norma es intencionalmente errado.

Y queda por discutir el tema de la "superioridad moral" de los que lo defienden. Disentir está prohibido en nombre del progreso y la libertad. (Esa es la paradoja)."

Hasta aquí el muy razonado y valeroso enfoque de Inés Aizpún que reproducimos literalmente, y al que solo le agregamos como post-data:

Mejor de ahí, se daña.