Por Manuel Hernández Villeta

Los cargos que se consiguen por medio de las elecciones tienen que ser de los partidos políticos. En el país se da una distorsión y es que los funcionarios electos se quitaron a su partido de encima, pero mantienen la posición.

Lo correcto es que se vaya y deje el cargo, cuando un regidor, alcalde, senador o diputado no esté de acuerdo con la línea del partido que facilitó su elección. Es una barbaridad de un sistema electoral que privilegia las posiciones antidemocráticas.

No hay dentro del ordenamiento electoral dominicano el candidato independiente. Para cualquier posición tiene que ser el candidato de un partido determinado. Entonces está claro que se vota por el partido como nicho, y el arrastre de la personalidad del candidato.

No hay transfuguismo, donde solo hay mercaderes de la política. Donde todo se vende, y todo se compra, y no hay el mínimo vestigio de fundamento ideológico, el transfuguismo no existe,.

Hay sinvergüencería, arribismo, búsqueda de cuartos, pero no el transfuguismo. Nadie puede prohibir a una persona que milite en un partido político, o que se vaya para donde quiera. Obligarlo sería violar normas constitucionales.

Hay que reforma la ley de partidos en varios puntos, incluyendo que pertenecen a los partidos las posiciones de senador, diputado, síndico y regidores. Si solo pueden ser electos con un nicho partidario, entonces no son dueños del cargo.

Pero también hay que enriquecer la vida política nacional con el candidato independiente. O sea que para usted participar en las elecciones no tiene que militar en un partido. Se da en Estados Unidos y Europa que hay candidatos sin partido, representando grupos de ecologista, de protección a los animales, de preservación de la naturaleza, y otras formas de pensamiento.

Pero en casi todos los partidos políticos dominicanos el desarrollo de la democracia es pura ilusión. La golpean los mismos dirigentes y militantes que dicen defenderla, y solo les interesa abrir trochas hacia su lado.

El respeto institucional tiene que florecer en los partidos, que no tienen fuerza de convicción y sus mismos dirigentes saltan de un lado para otro de acuerdo con las conveniencias. Es necesario fortalecer a los grupos minoritarios, porque son un reflejo del acontecer diario, aunque a muchos no les merezcan mayores consideraciones.

Afincar la democracia dentro del desorden institucional es difícil, y en ocasiones luce que imposible. Hay que redoblar los esfuerzos en la búsqueda de establecer relaciones férreas para tensar las riendas del derecho a la libertad de opinión, de movimiento, y hasta del dantesco espectáculo de los que solo buscan que les señalen el dedo del líder, a sabiendas que no cuentan con el respaldo de nadie. ¡Ay!, se me acabó la tinta..