Por Manuel Hernández Villeta

Los cuatro grandes partidos políticos dominicanos son un volcán en erupción. Se encuentran al borde del rompimiento interno. La moderación ha perdido su manto de tranquilidad, y hoy se muestra en banderola la espada de la guerra.

La política siempre debe ser de diálogo y concertación. No hay amigos ni enemigos. Los aliados no son permanentes. Los contrarios asumen ese papel por una etapa determinada. Por consiguiente, viola la regla del devenir político, tener enfrentamientos sin retorno.

No hay cosa más desgarradora que la lucha por el poder. Se enfrentan compañeros, amistades se rompen, y hasta matrimonios llegan al divorcio. Ni siquiera los momentos más radicales de las ideologías políticas, lograron evadir las luchas intestinas.

Hoy no hay ideología entre los principales partidos dominicanos, sino una lucha sorda que puede ser por controlar el gobierno, o por ser la tendencia mayoritaria en un partido. Las elecciones todavía están lejos, pero es desde ahora que se mueve la arena movediza.

Hay que pensar que hoy los debates son para las redes sociales, por la banalidad de un clic, ya no hay oradores de barricadas, ni tribunos que la juegan encima de una patana. Recuerdo prehistórico aquel eslogan de que si me dan un balcón gano la presidencia.

Las redes no impulsan programas de gobierno, ni finos mensajes, únicamente la cara del aspirante y un estribillo bien corto hecho a su medida. Se gana o se pierde por la empatía con lo que agregan ese mensaje ocasional, que se lo lleva un golpe de internet, o un apagón energético.

El mundo cambia por la modernidad y la tecnología, pero los problemas dominicanos son muy sencillos. Siguen siendo marginalidad, abrir trochas al desarrollo, inconvenientes de cobertura médica, fallas en el proceso educativo, ausencia de una planificación de pleno empleo y el reto de la violencia.

Se envían muchas notas sobre la institucionalidad y la moralidad, pero pocos cumplen sus enunciados. Parecería ser que se está en medio de la nada, esperando que todo pase y que nada se solucione. El día de las elecciones es el momento de impulsar a una vitoria o de ajustar las cuentas. Hay para todos.

Las primarias de los partidos sepultarán a unos y encubrirían a otros. La recomposición de fuerzas será diferente. Ahora se va a presentar una variante interesante; el que se inscribió en las primarias, no podrá aspirar a un cargo en otro partido. Quiere decir que sólo queda la opción de partir o someterse. ¡Ay!, se me acabó la tinta.