Por Manuel Hernández Villeta

La campaña política desatada a destiempo, muestra las grandes fragilidades de la Junta Central Electoral. Una ley de partidos políticos siempre será letra muerte, si no hay la autoridad que la haga cumplir. Inexplicablemente nadie tiene el pulso suficiente para obligar a los partidos a dejar la campaña fuera de época.

La primera que debe obligar a los partidos a suspender sus actividades proselitistas permanentes es la JCE. Todavía no está clara la metodología como cada partido va a escoger sus candidatos, y ya se lanzó la campaña a todo nivel. Unificar las elecciones, para evitar la bullanguería, no pasó de ser una mueca de mal gusto.

La realidad de hoy es que se preparan a cuenta gotas las próximas elecciones, mientras el proselitismo rompe los marcadores de velocidad. La JCE luce timorata, indefensa, sin fuerzas y ahora hasta con pleitos intestinos.

No hay tiempo para cambiar a las actuales autoridades de la JCE. Iniciar una maniobra en ese sentido, sería poner en peligro las venideras elecciones. Si no hay comicios como están programados por la Constitución, caeremos en la anarquía y la ingobernabilidad.

Lo único que se puede hacer es obligar a los miembros de la Junta a que trabajen en crear confianza en el pueblo. Su principal mal, es que nadie le tiene confianza y sus acciones sin fuerzas, hacen temer lo que pueda ocurrir en el momento de depositar los votos.

Tenemos meses repitiéndolo: la JCE no puede meterse a ser árbitro ni fiscalizador de las primarias de los partidos políticos. De esos pleitos soterrados, solo pueden salir mal aparados, que se les falte el respeto, y que siga aumentando la desconfianza.

Que tengan cuidado en la introducción de equipos electrónicos sofisticados, cuando la cuenta regresiva va caminando. El voto electrónico necesita educación del pueblo, e instrucción para los que van a trabajar en las mesas.

No se ha contratado ese personal que va a realizar labores técnicas, por lo tanto no se ha dado el primer paso en un tema tan necesario. Ya pasó en las pasadas elecciones, con los aparatos sofisticados, y podría ocurrir de nuevo.

Al pueblo hay que instruirlo de forma masiva, en torno al voto electrónico. No es que a programas complaciente de radio y televisión se les de anuncios, sino que donde la mayoría es iletrado, hay que tener mucho cuidado con las innovaciones.

Hay que preparar unas elecciones libres, que no dejen dudas sobre el ganador, que no sean impugnadas luego. La limpieza y pulcritud de ese trabajo le corresponde a los miembros directivos de la Junta Central Electoral. Son timoratos y conservadores, pero tienen que ponerse la capa del guerrero y salir al frente, antes que la anarquía los arrope. ¡Ay!, se me acabo la tinta.

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