Por Manuel Hernández Villeta

Los grandes caudillos políticos dominicanos del siglo 20 no dejaron herederos. No hicieron la transición. Los venció la edad y el peso de las enfermedades. Nuevas caras se impusieron a la fuerza o por las circunstancias.

En política también se cumple la regla biológica de que nada es para siempre. Se nace, se desarrolla y se muere. Los movimientos partidistas de la segunda parte del siglo 20 dejaron agrupaciones que también surgieron y desaparecieron.

Tres grandes nombres marcaron la vida política nacional, desde la muerte de Trujillo. El acontecer nacional fue movido por Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer. Bosch gobernó por un puñado de meses, Peña Gómez no pasó de candidato y Balaguer se mudó 22 años en el Palacio Nacional.

Las ideas de Bosch sobre la política como una ciencia digna se la llevó el viento. En su aplicación práctica no se pudo concretizar. De Peña Gómez ninguno de sus seguidores tuvo la fuerza suficiente en sus hombros para impulsar los postulados de la llamada voz nacionalista y revolucionaria.

Pero las cosas del destino. Tan rechazado y combatido en sus doce años de terror, el doctor Balaguer se eternizó por siempre en la vida política nacional. Hoy todos los partidos siguen su cartilla de subsistencia en el poder. La reelección, el clientelismo, los sobornos, la compra de aliados, todos conforman parte de la línea de trabajo de Balaguer.

Las ideas del viejo residente de la avenida Máximo Gómez son punta de lanza en los dos partidos que más lo combatieron, el Revolucionario Dominicano y el de la Liberación Dominicana. Su viejo Partido Reformista Social Cristiano cayó a ser un grupo de enlace y de acuerdos, sin mayor trascendencia en la vida pública.

En estas elecciones no puede haber relevos. No han surgido las figuras que puedan aspirar a tener una principal trascendencia en la vida política. Hay dos o tres que tienen posibilidades para dentro de cuatro años, pero ahora su mejor camino es comprender que no les llega el momento.

Ninguna figura joven que quiera enfrentar a los líderes del momento, tendrá fuerzas y consistencia para ello y como Icaro, se le quemaran las alas y se caerá de bruces. Todavía es el momento de Danilo Medina, Leonel Fernández, Luis Abinader, Hipólito Mejía y si se quiere de Quique Antún.

Por razones de fin de una etapa política, dentro de cuatro años o cinco años se impondrán nuevas caras, y surgirán otras formas de hacer partidismo. Pero hoy, la lucha está centrada entre los reeleccionistas, y los que dicen defender la Constitución. No hay tierra para más nadie. ¡Ay!, se me acabó la tinta.