Por Manuel Hernández Villeta

La crisis interna del sistema político nacional toca fondo. En el Partido de la Liberación Dominicana se amplía. Y en el Partido Revolucionario Moderna se oculta en una cara de dar largas a una guerra inevitable.

En el PLD hay una lucha abierta por la reelección y otras para impedir la reforma Constitucional. Hoy se torna difícil vislumbrar el futuro inmediato. Lo real es que un sector del PLD tiene obligatoriamente que aplastar al otro, para poder subsistir.

Inclusive una negociación pasa por el doloroso camino de que uno de los grupos acepte la derrota y entregue sus fuerzas a su contrincante. La suerte está echada y la división formal solo espera un momento coyuntural para salir de lo soterrado.

Hay emergentes que están a la espera de que el enfrentamiento de Danilo Medina y Leonel Fernández no llegue a división, sino que ambos se pongan de acuerdo y escojan a un candidato que cuente con el apoyo del máximo liderazgo. Es difícil esa situación, porque significaría para los dos el comienzo de la decadencia política.

En los dos grupos no se ve como salida pasar el relevo en estas circunstancias. Margarita Cedeño piensa que puede ser la candidata providencial, y se aleja del equipo político de Leonel Fernández. Una estrategia delicada, donde hay mucho, todo, que perder y poco que ganar.

Leonel es desde ahora presa de su discurso. No puede dar marcha atrás si se reforma la Constitución. Manolo Tavarez Justo fue también prisionero de su discurso, y cuando la coyuntura presentó cara no le quedó más camino que irse a las escarpadas montañas. Leonel buscaría la candidatura presidencial por un pool de partidos, y pondría tierra aparte del de la Liberación Dominicana.

Movimiento arriesgado, pero en América Latina hay una renovación de fuerzas, y es difícil ahora determinar si pudiera capear el temporal en un nuevo litoral político. Lo cierto es que Leonel si no es candidato del PLD, no tiene allí futuro político inmediato, y a largo plazo se esfumará.

Todos se juegan en estas elecciones la subsistencia. Para Hipólito Mejía no hay mañana. Ahora o nada. Para Luis Abinader, su perfil no soporta una nueva derrota, y no se podría mantener en primera fila sin ser ganador. Todos apuestan a tener un salvavidas en las manos, porque saben que hay nuevas caras que esperan en el banco, y se solidificarán dentro de cuatro años.

No hay pipa de la paz. No hay vuelta atrás. Veo que habrá reforma constitucional, que Leonel irá en una coalición política fuera del PLD, y que Hipólito y Abinader sacarán las espadas y pelearán hasta la última gota de sudor. Los demás están fuera del juego. Serán aliados, grupos de apoyo y genuflexión, pero nada más. ¡Ay!, se me acabó la tinta.