EL TIRO RAPIDO

Ponderar por nueva vez la importancia de las zonas francas industriales es en nuestro caso transitar una ruta por la que hemos andado desde sus mismos inicios y recorrido en muchas ocasiones anteriores, desde que el Central Romana con iniciativa visionaria estableció la primera en la urbe romanense, y después lo hizo en la Ciudad Corazón la Asociación Pro Desarrollo de Santiago, que presidía el desaparecido empresario comunitario Víctor Espaillat, en la que es posiblemente el mayor de todos los parques industriales que existen en el país.

Desde entonces, las zonas francas se han ido extendiendo por toda la geografía nacional, albergando cientos de empresas entregadas al ensamblaje y fabricación de productos de exportación, que si en un principio y durante los primeros años estuvieron focalizados en el ramo textil, hoy cubren una amplia gama de los más diversificados rubros industriales, donde el puesto de cabecera ha pasado a ocuparlo el renglón de sofisticados equipos médicos.

La especial significación que reviste el sector de zonas francas industriales para el país desde el punto de vista económico y laboral viene dada por sus cifras.

Las exportaciones de las empresas de zonas francas que en el 2013 ascendieron a 3 mil 442 millones 800 mil dólares han marcado un ritmo de consistente ascenso de año en año, hasta llegar a 4 mil 977 millones 800 mil dólares el pasado.

Al cierre del 2018 los setenta y cuatro parques industriales con que cuenta el país albergaban 673 empresas en operación, generando 171 mil 726 empleos directos. De este gran total, el 21.8 por ciento corresponde al sector servicios y el 15.2 por ciento a la industria textil.

Al estar distribuidos en todo el territorio nacional, tanto con el pago de salarios como de la compra de servicios y bienes, se convierten en un importante factor de dinamización la economía local de las distintas comunidades en que se encuentran ubicados.

En el pasado año, las empresas del sector pagaron más de 12 mil 753 millones de pesos en servicios básicos; aportaron 7 mil 98 millones a la Seguridad Social y 336 millones 800 mil a INFOTEP; consumieron 4 mil 333 millones en electricidad; 829 millones en telecomunicaciones y 155 millones 700 mil por concepto de consumo de agua. Son números contundentes que reflejan mejor que cualquier argumento la importancia y la necesidad de preservar este importante sector.

Así como han crecido sus exportaciones y volumen de aportes a la economía y en la creación de empleos, las zonas francas industriales se mantienen en constante proceso de expansión. De año en año, aumenta el número de empresas que se instalan en el país. Esa misma alentadora perspectiva de incremento se proyecta para el presente año, ahora con el interés de nuevas empresas de origen chino a partir del establecimiento de relaciones con China Continental.

En este sentido, la directora del Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación, Luisa Fernández Durán, adelanta que una firma asiática está por instalarse en Tamboril, la cual generará seis mil empleos; otra, del mismo origen, pudiera hacerlo en Cotuí, Sánchez Ramírez o Montecristi con proyección a crear nueve mil nuevos puestos de trabajo.

De por medio, sin embargo, en un país donde el nivel de desempleo alcanza el 15 por ciento y más de medio millón de jóvenes ni estudia ni trabaja, los tan mentados Ni-Ni, duplicando esa proporción... falta personal para cubrir esas plazas, tanto trabajadores manuales como bilingües y con capacitación técnica. Según resalta la funcionaria, muchos prefieren dedicarse al motoconcho en vez de disponer de un empleo formal.

Es la cultura que hemos ido desarrollando de subsistir a base del facilismo y la informalidad, y que contribuye a estimular la inmigración, tan a menudo ilegal, de mano de obra barata venida desde el otro lado de la frontera.

Lamentable pero es así...