Petróleo, alimentos y tendencia al ahorro

Por: Mayobanex De Jesús Laurens

De nada sirve el lloriqueo y el lamento ante la pérdida de la estabilidad de los precios, alterada por las continuas alzas en la cotización del petróleo  en los mercados internacionales. Ya nada será igual y debemos adaptarnos a los cambios que nos imponen las superpotencias.

Es muy simple. El mundo se mueve con el uso de los derivados del petróleo. Las reservas mundiales de los países petroleros muestran tendencia a agotarse. Las economías pujantes que emergen con fuerza, tales como China, La India, Tailandia y otras naciones, presionan una mayor demanda y por ende más consumo del llamado oro negro.

La debilidad del dólar, unido a la crisis  del sector inmobiliario, ha fijado la mirada de los inversionistas hacia el mercado petrolero, iniciando la corrida de una gran especulación con la compra de facturas del crudo a futuro,  con el objetivo  de obtener altos beneficios con la sobreventa. Los permanentes conflictos geopolíticos contribuyen también a las alzas del crudo que se están manifestando a diario.

En la economía del Tío Sam se debaten las teorías sobre el origen de la actual crisis. Economistas culpan de la situación a la expansiva política monetaria puesta en práctica por la administración Bush, y la abundancia de crédito  barato, con el descenso de las tasas de interés, que han impulsado las alzas en los precios del petróleo y de los alimentos. Pero, ante la diplomacia global, los gringos acusan a los países productores de petróleo de mantener una baja producción para provocar el alza, con la cual engrosan cada vez más sus economías.

En tanto, los derivados de los combustibles suben de precio y encarecen los productos alimenticios y los bienes y servicios en sentido general. Y ya no habrá forma de pararlos. No hay nación que pueda soportar una carga de subsidios por mucho tiempo, teniendo que hacer frente al pago de una deuda externa, que se incrementa con  la factura petrolera, y a la solución de los problemas que gravitan sobre sus economías.

Ante un panorama como el actual, en donde las incertidumbres se ciernen sobre las expectativas, sólo nos queda ajustarnos el cinturón y manejarnos como nación con estrictas medidas de austeridad, desestimando la dilapidación de los recursos que manejamos. Las medidas deben de comenzar por los propios ciudadanos.

Evitar los viajes largos en sus vehículos. Mantener el control sobre la energía que se consume en las casas.

Hacer el cambio del motor de sus vehículos de gasolina a sistema de gas. Salir de los automóviles de altos cilindrajes.

Buscar alternativas de  precios de los alimentos de consumo. Cambiar hábitos alimentarios. Plantar en las casas sembradíos de hortalizas y víveres diversos de ciclo corto. En fin, buscar nosotros mismos las soluciones a los cambios que nos están imponiendo, mientras el gobierno lidia con la solución de los problemas generales de la nación.

Permanecer indiferente con la crítica permanente, acusando a sectores de los males que abaten a todo el mundo, es un contrasentido. Independientemente de sus criterios, de sus ideales y de su bandería política, comience a adaptarse al cambio de inmediato. Ya no habrá vida barata para nadie.