Por Manuel Hernández Villeta

La actividad política dominicana anuncia que vendrán momentos difíciles y luchas sin cuartel a lo interno de los cuatro grandes partidos. Estas acciones arrastraran a los grupos minoritarios, que van a buscar la forma de sobrevivir.

Las medidas tomadas por las nuevas leyes electorales llevan a la guillotina a los llamados partidos emergentes. Una rápida alianza puede ser la salva vida, pero hay aristas que tienen que llenar que los colocan al borde de una caída sin red.

Las indecisiones de la Junta Central Electoral deja el camino lleno de obstáculos sin remover. Al parecer las futuras acciones que tome la JCE terminaran en los tribunales, sobre todo en el Superior Electoral. Sin autoridad demostrada será difícil poder dirigir las próximas elecciones.

Todo el panorama político de hoy pende de si hay reelección o no. La oposición tiene que tomar un camino que será decidido sobre si Danilo Medina continua, o si Leonel Fernández se declara independiente.

No será lo mismo un gran movimiento de masas para enfrentar a Danilo Medina, que aceptar o rechazar a Leonel en una acción opositora. Habrá que determinar en poco tiempo si hay reforma constitucional.

Visto el panorama, y los votos que faltan para la reforma constitucional, no hay dudas de que tiene que entrar en juego la compra de votos. A un diputado o un senador de la oposición no se le puede convencer de que abandone a su partido por meras simpatías, sino que dentro de la situación política nacional, tiene que moverse el hombre del maletín.

Lo lamentable es que nadie levante un programa de gobierno. Cierto que por décadas los programas de gobierno no pasan de ser letras impresas, que nunca se cumplieron, pero por lo menos permitieron el debate, para que luego se viera la futilidad de esa medida.

La Republica Dominicana necesita que se echen las bases del desarrollo, que existen fuertes columnas en lo económico y lo social. No se puede seguir viviendo en medio de la nada. La política es una ciencia, pero en dominicana no pasa de ser la zancadilla de los privilegiados.

Hay que comenzar a labrar un futuro más promisorio para todos los jóvenes, el cual debe comenzar con su primer empleo, que es la base para que se puedan dedicar a tener una vida placentera, y donde no tengan que caer en las garras del vicio y la delincuencia. ¡Ay!, se me acabo la tinta.