Por Manuel Hernández Villeta

Ya la anterior membresía de la Suprema Corte de Justicia es historia. Si lo hicieron bien o mal, ya es intrascendente. Solo quedan las evaluaciones para la historia. Todo tiene inicio y todo tiene final. A estos jueces que les vaya bien en sus nuevas actividades.

Con la Suprema pasa lo mismo que con todas las instituciones nacionales. Carece de una real independencia. La selección de los magistrados se hace por cuotas que deben responder a sectores políticos y sociales. Ese factor no quita la honorabilidad, la interdependencia o el sabio manejo de las decisiones.

Entre los jueces que pueden llegar a la Suprema no hay uno solo que sea totalmente independiente. O tienen el apoyo de los grupos de la sociedad civil, o de un partido político. Un profesional fuera del entinglado de los sectores de poder no llega ni a juez de paz.

El punto más polémico fue en torno a que se dejara fuera a Mirian Germán. Una magistrada honorable, que ha hecho toda su carrera profesional en la judicatura. Era seguro que ella iba a continuar en el cargo, pero.... Habría que ver quien dio paso al pero de la objeción y de las denuncias.

La polémica era demasiado candente para un Procurador General de la República que siempre da muestras de comedido y hasta de ser un profesional de bajo perfil. Claro que había sectores determinantes que no querían a Mirian, como otros grupos si abogaban por su mantenimiento en el cargo. Llevar esta polémica hasta sus últimas consecuencias fue un error. Para la juez Mirian Germán lo más indicado era que se terminara en el interrogatorio y ya.

No levantó polémica que el nuevo presidente de la Suprema Corte de Justicia, Luis Henry Molina, en el momento de la selección era miembro activo del Partido de la Liberación Dominicana. Solo ese hecho podía motivar una objeción de los integrantes de la oposición en el Consejo nacional de la Magistratura.

Se callaron y no objetaron. Ahora sería cuesta arriba que hablen de un político en la Suprema cuando no tomaron acciones legales para evitarlo. A Henry Molina le toca una gran responsabilidad, y es demostrar su objetividad y principios de acciones independientes, en un cargo tan importante.

A estos integrantes de la Suprema deben demostrar que se puede ser un magistrado confiable, imparcial y responsable, aun viniendo del litoral de un partido político o de las sombras de la sociedad civil. Al final de sus ejecutorias, les llegara la evaluación popular. Les toca hacerlo bien, por el país. ¡Ay!, se me acabó la tinta