Por Manuel Hernández Villeta

La paz social necesita sacrificio, de unos, y entrega de otros. No hay en la vida colectiva una situación cautiva o permanente. No, por el contrario el árbol de la paz social tiene que ser alimentado a diario. La violencia social no tiene amigos ni enemigos. Solo hay coyunturas que se imponen en el devenir histórico.

La culata del fusil puede acallar la protesta social, pero no da la paz general, sino que implementa el silencio del cementerio. La dádiva, el clientelismo, degeneran la vida pública y da un bofetón en el rostro de los que no tienen nada.

Ahora es momento de ver la paz social como un imperativo de este tiempo. El reflujo político acalla la lucha social, que en el caso dominicana termina siendo la voz de la subsistencia. Pero cada minuto se avanza o se retrocede. La lucha social nunca puede estar congelada.

El limbo de las ideologías lleva a un mundo sin compromisos sociales y a la imposición de los que tienen el poder económico y social. Difícil hoy que haya la sociedad de una clase, o que el proletario sea el eje central de la vida pública. El obrero hoy lo más que puede hacer es buscar la comida diaria.

La impronta que impone el cuño empresarial, es que no hay compromisos sociales, y por el contrario se juega a aplastar a la disidencia. Es una forma sutil de que no cambie nada y que todo siga igual. Parece que no leyeron a El Gatopardo, o vieron la película, donde todo tenía que cambiar, para que todo siguiera igual. Un segmento empresarial dominicano luce torpe, sin visión, y con sus acciones deteniendo la marcha combinada de todos los segmentos sociales dominicanos.

Hay que lograr que en la República Dominicana haya una sociedad más participativa, con menos miseria y menos ostentación de riquezas. Hay que detener a tiempo el avance indetenible de la marginalidad, y darle a la riqueza una sonrisa más humana.

El empresariado tiene que fijar salarios justos para sus trabajadores, mantener las conquistas laborales, abrir puertas al primer empleo, a la seguridad médica, a la facilidad de la enseñanza. Son obligaciones básicas del Estado, pero en el mundo globalizado de hoy, no se puede dar un paso sin integrar a todos los sectores.

La paz social tiene un precio, es el sacrificio y la entrega. Que se sacrifique los que tienen, y se integren en la lucha los de a pie. Si no se dan paso a la integración social, buscando el equilibrio y el avance sostenido, tarde o temprano se romperá la paz social. ¡Ay!, se me acabó la tinta.