Por Narciso Isa Conde

En el periodo post-tirano aquí se entronizó -primero con Unión Cívica Nacional, luego con el balaguerismo y más tarde con el PRD-PLD (despojados de bochismo y degradados moralmente)- una partidocracia corrompida asociada a un empresariado, viejo y nuevo, y a castas militares-policiales de similares calañas.

De ese proceso resultó un sistema político-institucional que reproduce en espiral corrupción, abuso de poder, ilegitimidad, saqueo, coloniaje explotación y sobre-explotación; todo esto protegido por un blindaje judicial garante de una impunidad prolongada.

Este sistema perverso -perfeccionado constitucionalmente en el 2010 por Leonel Fernández y asesores españoles- fue armado para facilitar tres formas de reelección: la del presidente y su séquito, la del partido gobernante y la del propio sistema, aun con alternancia de partidos y rostros palaciegos. De paso también para facilitar la reelección de una gran parte de los funcionarios electos y la permanencia de los no electos.

En el devenir, corrupción, impunidad, abuso de poder, sobre-explotación y coloniaje-enmarcadas en la re-colonización neoliberal y dentro de una dictadura con formato seudo-liberal- ha devenido en sistema institucional bajo control de mafias diversas, una parte de ellas políticamente articuladas y gestionadas por partidos convertidos en negocios, sujetos de inversión de capitales privados y dineros sucios con altísima rentabilidad.

Así las cosas, la reelección presidencial es un producto del sistema y el sistema es superior a ella: es su matriz generadora, a conveniencia o no de su estabilidad y permanencia.

En tales condiciones el anti-reeleccionismo presidencial que deja intacto el sistema descrito y la institucionalidad vigente, cambia muy poco lo imperante y sirve para distender crisis oxigenar y reciclar estructuras que deben arrancarse de raíz.

Esto ha sido confirmado durante medio siglo de luchas políticas y sociales; y luce tonto o peor insistir en formulas así, en el curso de un combate como esta librando el pueblo verde por el fin del sistema de corrupción e impunidad.

Esto, además, explica tanto el anti-reeleccionismo de Leonel Fernández, Hipólito y Abinader desde el PRM y asociados, como el de buscadores de cuotas dentro de esta institucionalidad; empeñado todos en sustituir el discurso y el accionar contra la corrupción y la impunidad como sistema, por un movimiento electoralista concentrado en la no reelección del Presidente Medina, dejando vigente este sistema infame.

Vale, pues, reivindicar la impugnación de la reelección en tres vertientes: al presidente Medina, al PLD y a esta institucionalidad podrida, incluido el rechazo a una facción de la partidocracia con pose opositora. (El Nacional, 24-03-19, santo domingo, RD)