Por Manuel Hernández Villeta

La mayoría silente es timorata y taimada. Se opone a los cambios sociales, pero eternizar a los dictadores. En el país, ese gran segmento ha sido responsable de de que ocurran barbaridades. Se mueve por sus demonios internos, pero nunca valora los mejores intereses nacionales.

Esa mayoría silente guarda todo el tiempo su voz, y solo pone en juego sus manos cada cuatro años para escoger una boleta electoral. Va con miedo de que le vean, que se dé a conocer por quién votaron, sin darse cuentas de que él es su propio agente de libertad u opresión.

El panorama actual es que de nuevo será la mayoría silente la que va a decidir los comicios futuros. Habrá una clase media integrada por intelectuales y libres pensadores que jugara su papel de difusión por los medios electrónicos, pero sin estar en mayoría.

Los gobiernos que han surgido en la República Dominicana de elecciones viciadas utilizaron puntos nodales para atraer o meter miedo a la mayoría silente. Montado a caballo Trujillo le prometió orden y tranquilidad, y Balaguer una revolución sin sangre, luego de la guerra patria de abril del 1965.

En ambos casos, esa mayoría silente estaba atemorizada por las luchas armadas intestinas y sobre todo por las intervenciones norteamericanas. Cuando los timoratos tienen miedo, cuando creen que carecen de seguridad, venden su libertad, su voz, su conciencia, a cualquier levantador de ilusiones.

Hoy existe una motivación para la mayoría silente que no estaba presente en otros procesos electorales. Se pueden empapar sobre los candidatos y los partidos sin hablar con nadie de política.

Los modernos medios electrónicos, y sobre todo las redes sociales, le permiten escuchar y ver de todo, sin tener que dar la cara y manteniendo el anonimato. En consecuencia, no serán las grandes manifestaciones lo determinante, sino el clic ante una computadora o un celular.

Peña Gómez, José Francisco, ponía a temblar a los reformistas con su voz de trueno en una manifestación en la 17, hoy, para estas elecciones, las redes sociales lo dirán todo. Es un mundo de fantasía. Por demás, nunca los candidatos, cuando llegan, cumplen con su prometido programa de gobierno. Hoy ya son más directos, nadie habla de programa de gobierno a desarrollar. La mayoría silente sonríe, solo ella puede dar paso a un ganador. ¡Ay!, se me acabó la tinta.