EL TIRO RAPIDO

Tan novedoso como revelador ha estado siendo el serial de reportajes llevados a cabo por las jóvenes periodistas Tania Molina y Mariela Mejía, del staff del Diario Libre, poniendo al desnudo la parte oscura del reclutamiento que llevan a cabo los escuchas de las Grandes Ligas en el país sobre jóvenes prospectos dominicanos que muestren condiciones para luego ser firmados por algunos de los clubes siempre a la búsqueda de jóvenes talentos.

Obligados a esperar que arriben a la edad de diecisiete años para poder formalizar el compromiso que les reportará un sustancioso bono inicial, a veces por una cantidad millonaria, la norma es violada a una edad más temprana, doce o trece años, mediante un compromiso que pese a ser verbal, luego se cumple religiosamente para evitar el descrédito del sistema.

De por medio surgen historias, a veces con resultados extremadamente penosos e irreversibles que en unos casos han llevado a la muerte y en otros a mutilaciones y lesiones permanentes debido al consumo de esteroides que son suplidos clandestinamente con la finalidad de aumentar el rendimiento físico, desafiando la prohibición y las pruebas a que son sometidos. En nuestro caso, gozamos el triste privilegio de aportar el mayor número de sancionados: un 30 por ciento de los suspendidos por uso de sustancias prohibidas en las Ligas Menores son dominicanos.

El trampeo, falseando la edad, también aflora en la detallada investigación de ambas acuciosas reporteras, mediante la entrega de certificados de nacimiento con la fecha real falsificada. En esta práctica, han sido también más de uno los dominicanos sorprendidos en falta.

Pero posiblemente el aspecto más inquietante es el que figura en la última entrega del serial reporteril, donde aflora el dilema que se le planea a los jóvenes prospectos que desde muy temprana edad, doce o trece años, son llevados a vivir en los campos de entrenamiento, donde son sometidos a un fatigoso y exigente proceso de acondicionamiento que toma ocho o más horas del día de lunes a viernes, o sea una jornada completa al cabo de la cual terminan exhaustos con apenas cuatro horas de precaria docencia el sábado o el domingo.

El dilema que se le presenta al prospecto es entrenar para tratar de dar la talla desertando de la escuela y sacrificando el proceso de aprendizaje cuando aún muchos de ellos no han completado siquiera la instrucción primaria. No hay que señalar cual es la opción escogida, con el consentimiento y apoyo de los propios progenitores, todos ganados por la ilusión de ser firmados por un club de Grandes Ligas a cambio de un jugoso cheque que los haga salir de la pobreza. En el caso de aquellos que no cubren las expectativas iniciales, la frustración y la pérdida de valiosos años de preparación académica cuando ya muchos de sus compañeros de aula van camino a la universidad o a una escuela técnica.

Esa falta de aprendizaje y orfandad cultural es luego responsable en gran medida del errático y alocado comportamiento de lo que dan la talla como peloteros pero fracasan como seres humanos. Carentes de conocimientos y sin la menor capacidad para administrar los cuantiosos incentivos que reciben por firmar comienzan a cometer todo tipo de disparates, a malgastar el dinero pensando que nunca se les va a agotar, y a incurrir en todo tipo de excesos desde consumir drogas o cantidades exageradas de alcohol hasta llevar una existencia totalmente disipada.

Para tratar de corregir el problema el ministro de Deportes, Danilo Díaz, a quien hay que reconocerle un positivo desempeño, deja saber que están dando las pinceladas finales aun acuerdo tripartito. El mismo será firmado entre la cartera ministerial, el Ministerio de Educación y la Major League Baseball con la finalidad de que la firma de cualquier prospecto provenga de programas que le permitan dar continuidad a sus estudios así como de adoptar medidas para preservar su salud.

De esperar que se firme sin demora y que sea objeto de permanente monitoreo para asegurar su cumplimiento.