Por Manuel Hernández Villeta

La seguridad y el orden tienen que ser reforzada. Los índices estadísticos de hasta dónde llega la criminalidad no son confiables. Es hora de pasar revista a lo que ha falla, y enmendarlo, para así darle más confianza a los ciudadanos. El país luce atemorizado.

Las soluciones no son fáciles. Hay una delincuencia que ha crecido en terreno abierto, sin ser detenida por nadie, y eso es peligroso. Fracasa la tranquilidad, cuando las ramificaciones del delito se mueven a su antojo.

La ley y el orden se deben mantener, con estricto apego a las normas constitucionales. En ocasiones en la lucha contra el delito se cae en líneas de violaciones de los derechos humanos. Hay que ampliar las investigaciones, para que inocentes no vayan a las cárceles o al cementerio.

Sin una amplia investigación siempre será imposible poder determinar si una persona es culpable o inocente. Por la simple presunción o la denuncia no se puede sancionar un caso. Hay que tener bien claro que sin investigación, nadie puede ser considerado culpable.

Las medidas para controlar la delincuencia han fracasado. Las estadísticas pueden ser maquilladas, pero la realidad es que los dominicanos se han acorralado. Se tiene temor de salir de noche, las casas son fortalezas, nadie sube los vidrios del carro, se tiene miedo a llevar el celular en las manos, y ahora hasta se habla de secuestro o robo de niños.

En el discurso presidencial se hizo omisión a la lucha anterior, presente y futura contra la delincuencia. Era necesario que se fuera más allá de las estadísticas. No somos uno de los países con menor índice de violencia del continente. Los Estados Unidos y varios países europeos se muestran preocupados por sus turistas.

Todos los dominicanos se tienen que meter de lleno en la lucha contra la violencia. Es hora de que podamos vencer al crimen y que retorne la paz a los hogares y a las calles dominicanas. ¡Ay!, se me acabó la tinta.