Por Manuel Hernández Villeta

En la República Dominicana no hay condiciones para la legalización de las drogas. Los organismos de seguridad son débiles, no hay programas para el auxilio y rehabilitación de consumidores y tampoco una política de sectorizar lo que se debe permitir y lo que se debe prohibir.

No es aceptable en este momento el libre consumo de drogas, lo que equivale a la libre venta. Es un experimento en los Estados Unidos y países de Europa, pero que no encaja con la realidad dominicana.

Sin embargo, la propuesta del exjuez español Baltazar Garzón debe servir para una amplia polémica. Hay que tratar a fondo las expresiones de un magistrado que se destaca por su lucha frontal contra el tráfico de drogas. Podría ser un experimento valido en otras tierras, pero no cabe en dominicana.

Aquí debe continuar sin descanso la lucha contra el narcotráfico. El tráfico de drogas y el mini-tráfico ha ocasionado daños incontables a la sociedad dominicana. La juventud ha caído en las redes del micro-tráfico y otros se han convertido en guiñapos humanos por el consumo.

El pastor Ezequiel Molina Rosario planteó en una Concentración Evangélica Nacional el tema del levantamiento de la prohibición a los estupefacientes, pero la propuesta desapareció del debate nacional.

El precedente histórico es el fin de la Ley Seca de los Estados Unidos. La ley seca, entendida como la prohibición de vender bebidas alcohólicas, estuvo vigente en los Estados Unidos entre 16 de enero de 1920 y el 6 de diciembre de 1933.

Cada sector debe opinar sobre esta reflexión de un experimentado hombre público como Garzón. Nuestra posición es que en la Republica Dominicana no hay condiciones para la legalización de las drogas. ¡Ay!, se me acabó la tinta.