Por Manuel Hernández Villeta

Con la juventud no hay excepción ni trato especial. El progreso es selectivo en la República Dominicana. La misma carga pesarosa la conocen los hombres, las mujeres, los niños, los envejecientes. Ver a los jóvenes en un renglón aparte, es utilizar la demagogia en una fecha del calendario.

En la política actual no hay desarrollo para ningún segmento social en base a la capacidad. La ascensión política depende de que el dedo del líder se mueva y señale. En los grupos políticos se eternizan los viejos robles, y los jóvenes llegan con la cabeza cercenada y metida en una funda.

La mayoría de los jóvenes menores de 26 años que militan en los partidos políticos, son viejos de ideas. Constituyen un mero reflejo de lo que piensan sus dirigentes. Saben que solo no podrán avanzar, por lo que se auto-decapitan para flotar en el mercado donde son movidos como si fueran muñecos tirados por un hilo visible.

Hay un abandono total a la juventud. Es casi imposible llegar al primer empleo. Se busca, en las ofertas de trabajo, jóvenes con experiencia. Pero si no es con el favor empresarial o político nadie consigue el primer empleo.

Es espantoso el desempleo entre toda la población, pero cuando se habla de los jóvenes, el hecho constituye una tragedia. El mercado laboral es joven, a los mayores de 40 años les da brega conseguir un empleo. Alcanzar el primer empleo es casi imposible, por lo que muchos se dedican al mercado informal.

Es del segmento de los jóvenes que salen los activistas de avanzada de la delincuencia organizada y desorganizada. La exclusión social empuja a los jóvenes al sicariato, a la truhanería, a la venta y consumo de drogas y a la prostitución. Jóvenes sin futuro a la vista, y con el presente plagado de tierra movediza. Para preparar una mejor sociedad con vista al futuro, hay que llevar educación, comida y trabajo a los que ahora mismo tienen los brazos cruzados y las esperanzas marchitas. ¡Ay!, se me acabó la tinta.