Por Manuel Hernández Villeta

La falta de respeto institucional y el cada quien buscar sacar ventajas de los acuerdos, hace imposible que en el país se pueda dar un gran frente unitario para el desarrollo. Todos temen que un llamado a la unidad no sea más que un intento de oportunistas para avanzar en sus proyectos personales.

Han fracasado todos los intentos que se han hecho en el país de lograr una gran concertación para el desarrollo. Los mismos participantes parece que van a la mesa de conferencia con el puñal debajo de la manga de la camisa. Nadie tiene confianza en el otro. Se busca la propia agenda, pero no una nacional.

Desde luego que la ausencia de institucionalidad, donde impera la ley de la selva política, la ley del más fuerte o el más vocinglero, hace que la desconfianza surja. Los empresarios no ceden en su posición, los obreros tienen las piernas de gelatina para emprender luchas, y los políticos tratan de acaparar cada espacio milimétrico para su favor.

En la coyuntura actual, con la campaña política tomando fuerzas, es imposible que se pueda dar una gran concertación nacional. Hay demasiado pasiones de por medio. Los líderes están metidos de lleno buscando su impulso para llegar o mantenerse en el Palacio.

El país, los dominicanos necesitan de un gran acuerdo nacional. Pero ese encuentro y sus planteamientos tienen que ser reales, efectivos, tangibles. Todos los intentos por lograr un colectivo para el desarrollo nacional han fracasado por la individualidad, la falta de sacrificios de los que tienen fuerza social y política, pero a los cuales no les interesa la suerte del país.

El pacto social tal vez se logre en un momento de crisis, cuando no se soporte más el hambre, la exclusión social, la falta de oportunidades. Lo impactante de muchas circunstancias sociales es que cuando hay rompimientos, el diálogo deja de tener razón, y se impone el salvajismo que lleva a la violencia ciega, y sepulta a la reflexión y la concertación. ¡Ay!, se me acabó la tinta.