Por Manuel Hernández Villeta

Al establecer relaciones diplomáticas y afianzar las comerciales con China popular, el gobierno dominicano entró al ojo del huracán y los vientos indescifrables de las grandes potencias. Es positivo el afianzamiento de los acercamientos con el oriente es rojo, pero ello tiene las repercusiones de un terremoto político.

No será fácil para el gobierno poder lidiar con el caso Chino, ante las presiones mediáticas de los Estados Unidos. De hecho, la política norteamericana se ha ido imponiendo y fijando nuevas correlaciones de fuerzas. Para hacer respetar nuestra soberanía, hay que rechazar la injerencia externa en cualquier otro país.

Es el caso de la posición norteamericana en tono a Venezuela, y como la República Dominicana ha tenido que cambiar puntos de acción, y de ser un mediador natural, ahora pasa a desconocer al gobierno de Nicolás Maduro y apoyar a sectores que dan un golpe institucional. Debemos respetar la soberanía de los pueblos y rechazar las intervenciones.

Hay que profundizar las relaciones con China. Su pujanza económica puede ayudar mucho a la economía nacional. Ya no solo es el establecimiento de las relaciones económicas, sino seguir adelante con el intercambio comercial, tecnológica, educación y sanitario. Hay que hacer respetar la soberanía en relación con el caso haitiano.

Pero frente a los Estados Unidos y a China siempre hay que levantar la soberanía nacional, y la interdependencia de un país libre y soberano. Las grandes potencias tienen sus problemas, que necesariamente no son los internos. Nuestros dolores de cabeza vienen de la miseria, de la explotación, de la dominación cruel.

Hay que manejar las relaciones internacionales con tacto, sin caer de rodillas y sin subordinaciones odiosas. La agenda nacional no debe ser narigoneada por las grandes potencias, sino ser evaluada e implementada de acuerdo a las necesidades y la visión de los dominicanos. ¡Ay!, se me acabó la tinta.