EL TIRO RAPIDO

El Indice de Peligros para la Niñez en República Dominicana arrojaba al año 2017, los siguientes datos:

-31 menores de cinco años mueren por cada mil nacidos vivos.

-El 7.10 por ciento en edades de entre 0 y 59 meses de sufren de grave malnutrición.

-El 14.6 por ciento de los menores de 14 años no asisten a la escuela.

-El 12.8 comienzan a trabajar entre 5 y 14 años de edad.

-27.5 por ciento entre 14 y 19 años están casados o hacen vida de pareja.

-97 de cada mil menores entre 15 y 19 años tienen un hijo, un rango de edad no excluyente donde figuran también madres prematuras con apenas 12, 11 y hasta 10 años.

-Un 80 por ciento de los casos de abusos a infantes ocurren en los espacios que deben protegerlos. Entiéndase básicamente en el seno de la familia o de allegados a esta, en especial los de abuso sexual, que muchas veces es tolerado y silenciado por temor, vergüenza o interés, quedando arropado de impunidad sin importar el daño sufrido por el menor que en la mayoría de los casos le acompañará el resto de su vida y será un factor distorsionante de su conducta.

Son cifras estremecedoras que no parece hayan mejorado de un año para otro y otorgan a nuestro país el puesto 120 entre las 172 naciones que integran el ranking del Índice. Las mismas figuran en una reveladora información que publica el matutino El Día bajo la firma de la reportera Johanna Matos.

Lamentablemente y sin desestimar su importancia, los esfuerzos desplegados por las autoridades por un lado y entidades de la sociedad civil por otro para tratar de frenar los casos de abuso infantil, han resultado insuficientes para cerrar una brecha que resulta demasiado amplia. Los logros han sido tan dilatados de obtener como escasos en relación a la cantidad de casos que se registran.

Al igual que ocurre con las mujeres abusadas, muchas de las cuales se resisten a interponer las correspondientes querellas cuando no desisten de darles continuidad, la mayoría de los casos de abuso infantil se ven arropados de impunidad.

Cifras ofrecidas con anterioridad a las presentes por la UNICEF y otros organismo que velan por la protección a la niñez, dan cuenta de que son miles en el país los menores, varones y hembras, dedicados a ejercer la prostitución. En no pocos casos, bajo decisión y a beneficio de los propios progenitores y tutores.

Frecuentes igualmente los que son utilizados para la realización de películas pornográficas para luego ser difundidas en el extranjero, donde resultan protagonistas obligados y víctimas de las más aberrantes formas de ejercicio sexual.

El problema es complejo en tanto en cuanto inciden una serie de factores confluyentes: marginalidad y pobreza, bajos niveles de educación, carencia o falta absoluta de enseñanza en valores, familias disfuncionales, hogares donde impera la violencia, paternidad y maternidad irresponsables sin el menor sentido de sus deberes como tales donde el nacimiento de un hijo es la sola consecuencia de un desahogo fisiológico sin mayores ni posteriores implicaciones materiales ni mucho menos morales.

En adición, una sociedad donde crece la insolidaridad y los problemas que realmente que debieran ser motivo de preocupación prioritaria de todos subyacen bajo el peso de desbordados afanes consumistas y la filosofía cada vez más arraigada de salir adelante a como de lugar, con el agravante de una codiciosa e insaciable clase política, donde con excepciones honrosas que lamentablemente son minoría, tiene como única divisa esquilmar el presupuesto nacional.

Todo un conjunto de adversidades que sin embargo no desalientan ni hacen retroceder en sus nobles afanes a instituciones preocupadas por el destino de nuestra niñez en riesgo, merecedoras de nuestro más decidido apoyo y cuyo valeroso empeño es como llama que mantiene viva la esperanza de quienes alientan el sueño de llegar a construir una mejor República Dominicana.