Por Manuel Hernández Villeta

Juan Pablo te han exiliado, a pesar de que tus ideas siguen más fuertes que nunca. Te quieren acorralar y que tu mensaje patriótico sea echado al zafacón. Quieren convertirte en un rostro enigmático, producto de la imaginación de un escultor, sin vida, sin sonrisa y sin coraje.

Te quieren quitar las manos para que no puedas dar un puñetazo en la mesa, cuando la Patria va camino de la disociación. Estamos en la hora de los hornos, cuando la verdad se convierte en piedra manejada por el dinero y la mentira.

Juan Pablo hace falta con su verbo. No era incendiario, pero para hacerlas fuertes, las ideas se pergeñan en el frío, en la soledad, en la penumbra, y que impulsen el sentir y el dolor de la comunidad. Estas presente en nuestras calles llenas de violencia, pero nadie quiere ser juglar de voz aguda para difundir tu mensaje.

Juan Pablo está vivo, a pesar que desde su pedestal de granito luce impertérrito, con la mirada perdida en la lejanía, con las manos caídas en los bolsillos de los pantalones y sin voz para ser la voz de los que no tienen voz.

Hoy más que nunca la Republica Dominicana necesita el mensaje de Duarte. No lo tenemos que buscar. Esta ahí. Nunca se ha ido. Son los malos dominicanos los que han cambiado la página, para caer en la ignominia y el fango.

Esta violencia, esta corrupción, este entreguismo, esta penetración e invasión haitiana, viene porque a muchos no les duele la Patria. Costo muchos sudores, sangre y luto para ser sacrificada por propósitos personales.

Se levantó con la Restauración y dos veces en el siglo pasado rechazó la invasión militar de los Estados Unidos. Se opuso a dictaduras y gobiernos de fuerza, aunque con victoria efímera, que permitieron a la Medusa política renacer nuevas cabezas.

Para echar a la Patria por delante hay que bajar a Duarte del pedestal de mármol, de los retratos con rostros imaginarios, y con las dos manos levantar su ideal, porque en estos momentos de penumbra e incertidumbre solo está vivo su mensaje libertador. ¡Ay!, se me acabo la tinta.