EL TIRO RÁPIDO

Sin dudas la tanda extendida representa un paso de avance dentro del sistema escolar. Para el presupuesto familiar, sobre todo, constituye un significativo alivio en tanto los alumnos al igual que los maestros reciben desayuno, almuerzo y merienda. Y de igual modo para los progenitores, sobre todo cuando ambos trabajan para subvenir las necesidades del hogar, y lo hacen con la tranquilidad de que sus hijos se encuentran a buen recaudo dentro de los recintos escolares. No es por casualidad ni por gusto que al auscultar la opinión de las familias consultadas, más de un noventa por ciento se mostró satisfecha con la jornada extendida. No todo, sin embargo, es color de rosa.

Testimonios recogidos en un interesante reportaje que firma Jimmy de los Santos y que aparece publicado en el matutino "El Día", es revelador de situaciones de violencia que se registran precisamente en el horario extracurricular de la tanda extendida, y que maestros y otras opiniones relacionadas atribuyen a varios factores.

El primero es la carencia de un programa de actividades recreativas y culturales para llenar ese tiempo extra, donde la falta de maestros y tareas específicas que contribuyan a su desarrollo educativo y formación ciudadana, crea un espacio de ocio proclive a generar discusiones y episodios de violencia extrema.

A ello contribuye por otra parte, tal como advierte la psicóloga escolar Cades Silvestre, el desinterés de no pocos padres por la educación de sus hijos que se liberan de toda responsabilidad en este sentido y la transfieren a la escuela, olvidando que es en el hogar donde se enseñan los valores y se inculcan los ejemplos. A la escuela se va a aprender, pero es en el seno de la familia donde se educa y se forja el carácter.

Obviamente el problema de la violencia escolar no es consecuencia de la tanda extendida, por mas que esta pueda ofrecer mayor oportunidad de manifestarse por las carencias antes señaladas que resulta de primer orden y mayor urgencia superar con un bien elaborado programa que complemente y amplíe de manera dinámica lo aprendido en el aula.

En realidad es un mal que viene arrastrando la escuela pública desde mucho antes, y en menor medida la privada, básicamente por la mayor disciplina que impera en la misma. Y aunque según estudios realizados por el propio Ministerio de Educación en combinación con organizaciones no gubernamentales y el Centro Nacional de Estadísticas, muestra que figuramos en el grupo de países con mayor porcentaje de violencia escolar, en agresiones físicas y psicológicas, con un porcentaje de 21.8 por ciento, no es un problema privativo del nuestro.

Sin que en modo alguno sirva de excusa para arroparnos no deja de llamar la atención que en esa misma situación se encuentran otros países, entre estos la muy desarrollada Argentina que nos supera con un 23.5 por ciento, Ecuador con 21.9. La bien educada Costa Rica, cuyo grado de cultura cívica le ha permitido prescindir del ejército, casi empareja con nosotros con un registro de 21.2 al igual que Nicaragua.

Sin dudas llenar en forma productiva el espacio de la Tanda Extendida es una tarea de suma prioridad, que dependerá en gran medida de la capacidad y dedicación de los maestros para obtener de ella el máximo provecho. En cuanto a la disminución de la violencia escolar, quizás sea de mucha más complejidad, ya que la misma seguramente es reflejo de la conducta agresiva que muestren los involucrados fuera del ámbito escolar y en buena medida proviene de la falta de atención de los padres, y aún de su mismo ejemplo, si consideramos que estudios realizados muestran que en la mitad o más de los hogares dominicanos está presente la violencia intra-familiar.