Por Manuel Hernández Villeta

Finaliza el 2018 en medio de un gran letargo social. La movilidad es individual y las luchas colectivas están congeladas. De por medio queda el largo camino de lucha que ni siquiera en forma mental se ha iniciado. Es hora de levantar de nuevo las banderas y dar el paso al frente.

Un año para una mujer o un hombre, es un trecho largo. Conoce felicidad y desgracias luchas y estar de brazos cruzados. El día a día va mancando su rumbo por la vida. Es subir y bajar, y estar en medio de un terremoto social que todavía está en ebullición.

Pero a nivel colectivo un año no es nada. No significa nada. Es un instante donde no se termina nada y todo debe comenzar. Varios pensadores han levantando el concepto de que mil años se pueden condensar en un día, y un día estar englobado en mil años. Son instantes coyunturales de la humanidad, en los cuales no están los dominicanos en estos momentos.

Este ha sido un año de transición partidista. Se inició la campaña a destiempo, pero solo son los posicionamientos, porque ahora falta el tramo final que será la selección en las primarias o convenciones de cada partido. Como siempre el dedo será el que hable. No hay democracia interna en los partidos, sino la decisión y la opinión del dirigente máximo.

La Junta Central Electoral carece de las fuerzas suficientes para hacer frente a las diabluras de los partidos políticos. Luce acorralada en su propio redondel. Mucha complacencia con los partidos, demostrando debilidades, cuando se está lejos de su tramo final, que es la organización de las venideras elecciones. Sobre todo, la gran responsabilidad de la Junta será proclamar un nuevo ganador en las venideras elecciones.

El país necesita soluciones a los graves problemas de la marginalidad, del abandono y de la desgracia colectiva, no maquillaje y ocultamiento de la realidad debe ser el estandarte. ¡Ay!, se me acabó la tinta.