Por Manuel Hernández Villeta

La asistencia de la salud comunitaria es uno de los grandes retos que hay para el venidero año. Muchos hospitales fueron remodelados, pero lo cierto es que los niveles de atención han mermado, y muchos locales son anticuados e inadecuados.

Hay que garantizar la atención sanitaria a todos los dominicanos. La única vía de tornar global la ayuda médica al necesitado es que mejore el área oficial. A pesar de los recursos monetarios y técnicos invertidos en los hospitales, persisten los males de antaño.

La idea encontrada es que la asistencia del sector público es gratis, y eso no es cierto. Puede ser que el paciente no tenga que pagar por el servicio, pero en base al cobro de impuestos, búsqueda de préstamo y donaciones, el presupuesto de Salud es sostenido en los hombros del pueblo.

La salud pública para el entrante año debe ser más eficiente y hay que dejar fuera la posibilidad de privatizar los servicios, o que sean servidos mediante carnets de seguros. Toda persona que vaya a un hospital tiene que ser atendida, sin que tenga que pagar un centavo.

En otro orden, se tiene que iniciar una política de creación masiva de empleos. Poco importa si esas plazas son de salario mínimo, para ser ocupadas por persona sin capacidad técnica o especial. Hay que poner a trabajar a la legión de desempleados.

Pero no se corresponde a una planificación real que los esfuerzos vayan solamente dirigidos en que se abran pequeños negocios, la informalidad que da el trasiego de los buhoneros, de los colmaditos, de los vendedores de empanadillas. Se pone en las manos de esos necesitados una herramienta por medio de la cual no necesitan buscar necesariamente un empleo.

Pero si hay desempleo nadie tendrá dinero para ir a un colmadito de barrio, para comprar en un puesto de pacas o para degustar una empanadilla en las calles. Si rebuscamos, lo único que agiliza la economía es que haya gran cantidad de personas empleadas, con el soporte de los pequeños negocios.

El nuevo año tiene por delante muchas incertidumbres, pero desde el gobierno y el sector privado tienen que buscarle soluciones. Hay una masa pobre, que es la mayoritaria, desesperada, y que busca respuestas a sus necesidades. Ya la hora para la demagogia se va terminando y llega el instante de presentar soluciones. ¡Ay!, se me acabó la tinta.