Por Manuel Hernández Villeta

Hoy estamos viviendo uno de los momentos más difíciles para ejercer el trabajo de periodista. Hay presiones políticas, económicas, sociales, y una significativa reducción de los medios de comunicación.

Hace unos días ofrecí una charla a jóvenes periodistas y el tema más debatido fue sobre la ética de la comunicación. Fui enfático que la verdadera ética está sintetizada en la conciencia de cada cual. Si usted no tiene clara su visión del bien o del mal, si su conciencia está obtusa, no podrá asimilar un código de ética.

El periodista de hoy va cayendo al economismo, va dejando a un lado planteamientos de ética y de moral, y se olvida de que es el ariete para poner fin a injusticias y luchar por las libertades generales.

Hay que rescatar a los periodistas de pensar únicamente en los beneficios económicos que le pueda deparar ejercer la comunicación social. El primer objetivo tiene que ser servir de voz a los que están mudo por la fuerza, por el miedo, o porque al pobre de espíritu o de monedas, se le calla con la intimidación.

Como decía, el primer código de ética del informador tiene que ser su propia conciencia, su valoración personal y social de los hechos. Un librito de ética redactado por una multinacional de la información o un medio perteneciente a un consorcio, no es el mejor ejemplo de establecer reglas morales.

El reflujo social, el apagamiento de luchas colectivas, va tornando al periodista un ente pasivo que en vez de reclamos sociales, solo piensa en el nuevo carro, la remodelada casa, las noches de bohemias y el gasto excesivo. Con su trabajo honrado, el comunicador apenas si puede subsistir, al ganar un mísero salario.

El periodista de hoy también tiene que afrontar la falta de trabajo, el desempleo. Hará unos diez años en el país existían por lo menos quince noticiarios de radio y televisión, entre los cuales empleaban a unos 200 periodistas. Hoy desaparecieron los noticiarios radiales y ahí se perdieron unas 150 plazas de trabajo.

Ese desempleo obliga a los informadores a buscar trabajo en áreas del gobierno, donde se le condiciona su accionar y les inclinan áreas de su independencia. Dije en la charla que si el periodista mediatiza su pluma por un empleo, no puede ser un divulgador de la verdad, ni un defensor de los indefensos.

Poco espacio para relatar charla y preguntas. Una cosa es segura, cuando la conciencia se dobla a golpe de prebendas, por miedo o por amiguismo, la verdad es herida de muerte y al informador le llegó la hora de la autocrítica o navegar en el cieno. ¡Ay!, se me acabó la tinta.