Por Manuel Hernández Villeta

La sociedad dominicana luce empantanada. Carece de fuerzas para dar un salto adelante. Se diluye en un pasado que nunca fue bueno. De cara al futuro, no hay espíritu para dar el siguiente paso. Hoy más que nunca se necesita crear una nueva mentalidad, para hacer frente a los problemas del siglo 21.

Es imposible que un hombre providencial pueda resolver los problemas, pero si es cierto que para muchos se puede levantar un bufón que venda ilusiones y conquiste a las masas. El grave problema de las mayorías es que cuando pierden las esperanzas y el camino, son fáciles de dominar por los agitadores mediáticos.

En la época de los caudillos de la segunda mitad del siglo 20, estos llevaban el espíritu de lo que es libertad y progreso en su cabeza. Por más democráticos que dijeran que eran, no pasaron de ser histriones ilustrados en el manejo de sus seguidores. En el siglo 21 ese liderazgo no cabe.

Trujillo, Balaguer, Bosch y Peña Gómez manejaron la vida pública dominicana del siglo 20. Las coyunturas populares que los catapulto ya desaparecieron. Existen las injusticias sociales, el hambre, la exclusión, la falta de oportunidades, pero la forma de enfrentar estos hechos, no está en la cartilla de los políticos de ahora.

Trujillo fue producto de convulsiones sociales de principios de siglo, vendió la imagen del salvador, y fue un tirano sin ejemplos y sin respeto a la vida y la hacienda. Trujillo es irrepetible, porque el terremoto social sobre el cual edifico su poder desapareció para dar paso a nuevas formas de explotación.

Balaguer levantó una llamada revolución sin sangre, pero le tocó ser el verdugo de los jóvenes que participaron en la revolución del 1965 y de los que enfrentaron su gobierno, sobre todo el de los doce años. Balaguer crea su liderazgo a fuerza de reunificar a los sectores más conservadores, contando con el apoyo de los efectos colaterales de la Guerra Patria y la sombrilla de los interventores norteamericanos.

De Bosch ni siquiera sus alumnos más aventajados han podido mantener a flote sus ideales, y lo que el planteaba como plataforma para gobernar. Bosch es un recuerdo que al parecer nadie quiere tocar y revivir. Con Peña Gómez su partido se desintegró en medio de convulsas apetencias personales, donde lo que menos se ha tomado en cuenta son las necesidades nacionales.

Hay que crear mujeres y hombres nuevos, con conciencia patriótica, implicados en llevar a cabo una revolución moral y económica, donde todos los sectores nacionales puedan vivir en paz y luchar por el desarrollo. Hoy estamos empantanados, en medio de la nada, sin teas que vayan iluminando el terreno para abrir trochas y superar los entuertos. Pero hay esperanzas, si afrontamos el futuro con energía, sin vacilaciones y desechando el empantanamiento generacional. ¡Ay!, se me acabó la tinta.