¿Cuál de las Biblias?

¿Cuál o cuáles versiones?

Valen estas interrogantes porque las divisiones del cristianismo han dado lugar a no pocas versiones modificadas y a muchas interpretaciones de su texto original.

Pero más allá de ese problemón, esa propuesta amerita un examen crítico en vista de implementarse institucionalmente convierte el sistema educativo en escenario de una determinada concepción religiosa de la vida. Y eso nos correcto.

No tengo nada en contra de quienes asumen y predican la Biblia en cualquiera de sus versiones. Tampoco objeto a quienes optan por leerla en familia o como parte de su aprendizaje.

Los seres humanos tenemos derecho a leer ese y otros textos religiosos, como también los que responden a otras corrientes filosóficas u otras formas de explicar el mundo y la vida.

Ahora bien, lo que es inaceptable es ese tratamiento sesgado y discriminatorio, y esa forma de institucionalizar esa concepción.

Nuestro sistema educativo debe ser abierto a todas las fuentes del conocimiento, a todas las escuelas filosóficas, a todas las ramas del saber, a todas las ciencias en constante evolución y a todas las culturas y sus expresiones históricas concretas.

Si se habla de la Biblia -cuya lectura tiene vigencia en las cuchumil iglesias cristianas, parroquias y centros diseminados en todo el país- debería hablarse, por ejemplo, de estudiar el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, el Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado de Federico Engels, El Capital de Marx, Las Venas Abiertas de América Latina de Galeano, o el Corán, el Anarquismo de Bakunin, la Teología de la Liberación, la obra filosófica de Sartre, o la doctrina de Confucio... todas ?y muchas más- oficialmente sepultadas.

Es curioso que los mismos que se oponen a la educación sexual en escuelas públicas y privadas, son quieren imponer por resolución o por ley la lectura de la Biblia.

Cuando surge un interés tan parcializado e unilateral, es preciso recordar las luchas por las clases o cátedras paralelas, conquista democrática destinada a evitar la censura en el campo del conocimiento.

Si en uno u otro nivel educativo se quiere ampliar las disciplinas filosóficas, pues que se haga de verdad, respetando e incorporando todas las corrientes, asumiendo la diversidad de escuelas.

Pero acontece que a nivel privado, abusando del poder del dinero, del poder eclesial y/o empresarial y de los subsidios de Estado, imponen la enseñanza confesional; mientras procuran hacer lo mismo con la enseñanza pública, bloqueando toda tendencia a laicismo.

¡Así, no!

Definitivamente, no!!!