Por Manuel Hernández Villeta

La situación electoral y política de Brasil obliga necesariamente a que se hagan revisiones de los grupos progresistas. Una nueva izquierda llegó al poder y lo pierde de un soplo. El avance de las ideas militaristas en Brasil, es sinónimo de que en algo no se está sintonizando con el pueblo.

En los gobiernos del partido de los trabajadores los brasileños vivieron un despegue económico y un respeto a las libertades públicas, pero en algo se falló. No hay razones ni justificaciones para que ese grupo partidista sea zarandeado en la lucha por el poder.

Se ha dado una primavera latinoamericana. La árabe ejecutó a todos los gobiernos de la esa zona. Se terminó en la mayoría de esos países en guerra civil, golpes de Estado y odiosas violaciones a los derechos humanos. En América Latina los golpes han sido disfrazados de motivaciones constitucionales e institucionales. Una farsa.

Uno de los pecados tradicionales de la vieja izquierda, y seguido por los nuevos, es evadir la crítica y la auto-critica. Cuando se va camino del fracaso, hay que hacer un alto y pasar revista. En América Latina de un zarpazo desaparecieron todos los gobiernos progresistas, y nadie da explicaciones.

De esos gobiernos liberales únicamente queda el de Venezuela. Desde hace años los chavistas están contra la pared y luchan por su supervivencia. Los demás se fueron y por ahora no volverán. Cuba está en proceso de transición y de aperturas y trata de sobrevivir a una nueva etapa sin Fidel Castro.

La idea de luchar por mejorar los niveles de vida de la mayoría no está agotada. Tampoco se encuentra a nivel de basurero el principio de que debe darse una justa distribución de las riquezas, y de respeto a las libertades públicas. Pero los que levantan estas ideas no están sintonizando con las masas.

Hay que hacer revisiones a tiempo. Ahora mismo, a nivel de todo el continente y de la República Dominicana en particular. La derecha está tomando el control de la vida pública. Se pensaba que era una etapa superada, pero no, ahí están los detalles.

La juventud del siglo 21 y finales del 20 no tiene ideología que les guíe. Están sumidos en sus problemas personales. Su meta es lograr mejor nivel social. Para ellos pueden preferir los estudios, pero cuando la esperanza se pierde, toman las calles, no por reivindicaciones sociales, sino por el pandillerismo y sus colaterales.

A tiempo hay que mejorar conciencia y métodos. La derecha recalcitrante, que en el pasado provoco ríos de sangre, está de nuevo sobre el caballo desbocado del apocalipsis. Es hora de hacer críticas, de emprender caminos, y de levantar una bandera inmaculada de lucha que arrope a los jóvenes y a los que tienen conciencia limpia. ¡Ay!, se me acabó la tinta.